Hay viajes que no comienzan con una maleta, sino con una herida.
En La silla de plástico, el autor se lanza a una travesía que no es turística ni teológica, sino visceral. Desde las calles bulliciosas de Tel Aviv hasta los pasajes ocultos de Jerusalén, pasando por refugios antiaéreos, plazas zodiacales y conversaciones con taxistas, médicos, pastores y pescadores, esta crónica se convierte en una búsqueda a pie, con el alma abierta y los zapatos gastados. Es el testimonio de alguien que se atreve a preguntarse si el Mesías puede aparecer en lo cotidiano, en el estrés de la guerra o en una silla plástica frente al Muro de los Lamentos.
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