Mas vale ser un leproso lleno que un príncipe aplastado…..

Y Eliseo dijo: Oíd palabra de YHVH: Así dice YHVH: ¡Mañana a esta hora: una medida de flor de harina por un siclo, y dos medidas de cebada por un siclo, en la puerta de Samaria!
 Entonces, el capitán° sobre cuya mano se apoyaba el rey, respondió al varón de Dios° diciendo: Aun haciendo YHVH ventanas en los cielos, ¿sucederá tal cosa? Y él respondió: He aquí lo verás con tus propios ojos, pero no comerás de ello.
Y había cuatro leprosos a la entrada de la puerta que se habían dicho: ¿Por qué nos quedamos aquí hasta morir? (2 Reyes 7:1 al 3)

El ejército arameo acampa en las proximidades de Samaria. No se puede entrar ni salir; las cosechas de los campos alrededor ya se han perdido; adentro reina la desesperación, la incertidumbre, el miedo; el precio del alimento está por las nubes; el canibalismo se presenta como una alternativa. La ciudad está sitiada y el Rey no puede defenderse, ni tiene un aliado poderoso que venga a socorrerlo.El profeta Eliseo proclama la palabra de Dios, diciendo que al día siguiente se acabara la escasez de alimentos. Un príncipe que sostenía al Rey duda de la palabra del hombre de Dios y no cree que el Señor pueda hacer el milagro. El profeta le dice que el fin de la crisis llegara, lo vera, pero no disfrutara de ello.

Habían cuatro leprosos a la entrada de la puerta, cuatro marginados que no pueden estar dentro y tienen que buscarse la vida a las puertas de la ciudad. Cuatro leprosos en terreno de nadie, ni están dentro ni fuera, en un sitio donde no molestan y los demás pueden aliviar sus conciencias ofreciendo una caridad de vez en cuando,  mientras permanezcan a las puertas de la ciudad.

La situación critica también afecta a estos cuatro leprosos, pero para ellos el dilema es decidir  ¿donde vamos a morir?, ¿dentro de la ciudad?, ¿fuera?  o ir al campamento enemigo y probar allí.  La pregunta que se hacen cuatro personas que no tienen nada que perder. Para ellos cada dia de vida es un truinfo . Para ellos el hecho de algo tan normal como rascarse una oreja, por su condición de leprosos, es toda una aventura. Bien se les puede caer la oreja o perder el dedo en el intento.

Los arameos esperan con paciencia que la ciudad se rinda para ellos tomársela y ponerle precio a su “libertad. Pero ocurre el milagro de Dios, desde lejos, se oye lo que parece ser un gran ejército acercándose, esto les hace pensar que Israel ha contratado los servicios militares de los hititas o los egipcios y vienen al ataque.

En minutos los papeles se cambian y ahora los que se llenan de miedo son los arameos. Saben que no pueden enfrentar semejantes ejércitos. No les queda otra opción que huir, y de qué manera. No tienen tiempo para salvar nada y salen en estampida a la velocidad del susto. Es peligroso mirar hacia atrás y su propia polvareda lo hace inútil. Pero si hubieran mirado, esto es lo que hubieran visto: cuatro harapientos, malolientes y desnutridos leprosos acercándose al campamento. ¡Vaya ejército!

Los cuatro leprosos en la puerta de Samaria decidían ir al campamento del ejército enemigo para ver si de algún modo podían salvar sus vidas. Pero, para su sorpresa, no encuentran ningún ejército, sino un campamento abandonado y lleno de provisiones

¡Qué festín el que se dieron! Encuentran lo que nunca habían visto ni comido, en cantidades superiores a la capacidad de sus estómagos. Y como si eso fuera poco, hay ropa y de todo gratis. Es el principio del cumplimiento de la profecía de Eliseo y los primeros en disfrutarla son ellos, cuatro leprosos.
El sitio de Samaria no es frustrado un por un ejercito, sino por Dios mismo y sus agentes, cuatro famélicos leprosos. Entonces se cumplió la profecía de Eliseo  sobre el precio de la comida. La presencia y acciones de los leprosos son resaltadas por la presencia y acciones de quienes desechan las palabras del profeta con respecto al sitio.

Los leprosos, aun en medio de la emoción ante tal botín, recapacitan, intuyen que es día de salvación; regresan a la ciudad para dar la gran noticia: ¡somos libres! Pero las jerarquías no les creen: el rey y sus oficiales están tan lejos de Dios que no creen en actos divinos a su favor. Piensan que es una trampa de los arameos. Finalmente, para su vergüenza, que la noticia es cierta.

Este es el más sublime y conmovedor de los relatos de Eliseo: los marginados son heraldos de la salvación que el rey no puede darles. Cuatro desahuciados leprosos son agentes de una multiplicación del sonido que pone en fuga un ejército. La vergüenza de los arameos, y del rey de Israel y sus oficiales es enorme. Los marginados como salvadores muestran que Dios tiene modos misteriosos de hacer cumplir su palabra: “Irónicamente, quienes por costumbre son relegados a los lugares más bajos de la sociedad, los leprosos en la puerta de la ciudad, se convierten en los mediadores esenciales del rescate Y portadores de buenas noticias.

Y el oficial real, había respondido al hombre de Dios, diciendo: Mira, aunque el SEÑOR hiciera ventanas en los cielos, ¿podría suceder tal cosa? Y Eliseo dijo: He aquí, tú lo verás con tus propios ojos, pero no comerás de ello.(2Re 7:19)  

  Y así sucedió, porque el pueblo lo atropelló a la puerta, y murió. (.2Re 7:20)

Hay un proverbio que dice mas velo Perro vivo que León Muerto….

Y esto lo digo yo mas vale leproso lleno que Príncipe aplastado……

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