“no somos nadie”

En la isla de los Cíclopes, Ulises desembarca con doce de sus compañeros y coge una de las vasijas con vino que les había regalado el sacerdote de Apolo. Llegan a la cueva de Polifemo y deciden coger todo lo que allí había, desde quesos hasta cabras y ovejas, pero Ulises no está de acuerdo. En ese momento aparece el Cíclope con su rebaño y se puso a ordeñar sus ovejas y sus cabras. Después de esto, se comió a dos de los compañeros de Ulises, y éste tuvo una idea: emborracharle. Y así fue, le dio el vino y después de emborracharle le dijo: “preguntaste, cíclope, cuál era mi nombre glorioso y a decírtelo voy. Ese nombre es nadie. Nadie mi padre y mi madre me llamaron de siempre y también mis amigos”. El cíclope cayó de espaldas y le venció el sueño. Ulises aprovechó para coger una estaca de olivo y la prendió en llamas y se la clavó en el único ojo que tenía Polifemo.

Polifemo gritó y gritó hasta que los demás cíclopes le escucharon. Ellos le preguntaron cuál era la razón de su llanto, y Polifemo dijo:  Nadie me mata de dolor. Los demás cíclopes pensaron que Zeus le había castigado con una locura y se fueron de la gruta.

En la mitología griega, Polifemo (en griego antiguo Πολύφημος Polyphêmos, ‘de muchas palabras’) es el más famoso de los cíclopes, hijo de Poseidon y la ninfa Toosa. Se le suele representar como un gigante barbudo con un solo ojo en la frente  y las orejas puntiagudas de un sátiro.

Cuando alguien se acerca a un funeral  hay una frase muy común  que todos emiten a modo de reflexión, la frase es  “ no somos Nadie”.  En el caso se Ulises, Rey de Itaca, aventurero, valiente  guerrero reconocido en los siete mares, decide llamarse “Nadie”  en vida y esa decisión hace que salve la vida de el  y de sus compañeros.

En el conocido episodio bíblico de la torre de Babel  aparece el hombre con sus “buenas ideas” intentando convencer a sus contemporáneos. Repetían sus slogans: “La unión hace la fuerza…”, “un pueblo unido, jamás será vencido”…….Sabiendo que la violencia fue el motivo por el cual la generación del diluvio fue destruida, el “nuevo orden” de unión y fraternidad universal vaticinaba un mundo realmente mejor. Fue así que, por orden de Nimrod, se mudaron todos al valle de Shin-ar (Babilonia) y comenzaron a construir una ciudad con una gran torre que debía llegar hasta el mismísimo cielo. ¿Para qué? “…hagámonos un nombre (seamos famosos), para no dispersarnos sobre la faz de la tierra…”. Querían hacerse un nombre, ser alguien y al final se quedaron en casi nada y dispersos por la faz de  la tierra.

Polifemo al caer borracho dio la oportunidad a Ulises de clavar una estaca ardiendo en su único ojo y dejarlo ciego . El Ciclope empezó a pedir ayuda a otros, pero al preguntarle quien le estaba atacando dijo “Nadie” y le tomaron por un loco borracho. Para Ulises decidir ser “Nadie” salvo su vida y la de sus compañeros.

Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la extraordinaria grandeza del poder sea de Dios y no de nosotros. Afligidos en todo, pero no agobiados; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos; llevando siempre en el cuerpo por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. (2 Corintios 4:7 al 10).

 La humildad no es una debilidad es un fuerza; Moisés fue un líder que agradó a Dios, el mas grande de todos los profetas, el que mas cerca estuvo de ver a Dios, sin sueños ni visiones, en vida cara a cara y se le dio el título honorífico de ser el hombre “mas humilde de toda la tierra”.  Los hombres quieren
expandirse exteriormente sin tomar en cuenta su crecimiento interior.  Cuando no maduramos interiormente no entendemos que  recibir fama aceptación, y reconocimiento son deseos  egoístas que llevan a la destrucción. Perdemos el lenguaje verdadero que debe llegar a nuestras conciencias y nos alejamos del propósito de Dios.

En Jesús tenemos nuestro ejemplo:

Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo,no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses  de  los demás. Haya, pues, en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús SE DOBLE TODA RODILLA de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra (Filipenses 2:3 al 10)

Es mejor elegir ser “nadie” ahora, en vida y ser alguien  ante Dios antes que la nada te elija a ti y alguien en tu fumeral recuerde como parte de la ceremonia eso de que “no somos nadie”…..

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