ESPERANDO AL MESIAS BAJO EL FUEGO DE LOS MISILES

La primera vez que escuchas la sirena no es como en las películas.
No hay música dramática, solo un sonido largo, agudo, metálico. Como si el cielo estuviera gritando.

Yo estaba en ese momento con mis compañeros en un museo de Tel Aviv cuando el sonido de la sirena perforó el vidrio de la ventana. Primero me paralicé, luego recordé lo que me dijeron:»tienes 90 segundos». Corre.

Cuando de repente suena la sirena. Una guía turística suspira, dice «y otra vez…» en hebreo. Todos bajamos al sótano.entre esculturas de acero y pinturas abstractas, nos sentamos en el suelo.

Dentro del refugio una niña dibuja en su libreta, un turista inglés graba un video. Mientras yo me quedo mirando una obra titulada “Fragmentación del yo”. No podría ser más literal en esos momentos.

Una señora me tomó del brazo sin decir palabra me llevó a una cocina preparada como refugio, un cuarto blindado dentro del museo y amablemente me regaló una botellita de agua.
Me senté, cerré los ojos y traté de imaginar que estaba en casa, en silencio, leyendo algo de Jung y preparándome para recoger a mis nietos, pero solo escuchaba mi respiración y la de ella.

Salí del museo con mi botellita de agua en la mano. La calle tenía ese silencio extraño de después del susto.Los coches avanzaban como si nada, una mujer paseaba a su perro, el mundo no acaba cada vez que la sirena suena, todo continúa con normalidad y hasta mi cuerpo sigue demandando con una llamada apremiante de mi estómago a comer algo. La mala noticia es que un misil ha caído en el aeropuerto Ben Gurion y matado a una persona.

Nos metimos en un restaurante y comí falafel como si no estuviera temblando por dentro. Un chico de unos 19 años, con uniforme de las FDI, me sonrio y me dijo:

“Acostúmbrate. Aquí se vive entre cafés y cohetes.”

Esa noche, al cerrar la puerta del apartamento, pensé que el miedo no se va., pero algo más crece junto a él: una extraña forma de coraje,no de ira o rabia solamente de vida y supervivencia.

Después de un día emocionalmente agotador, ya en el apartamento, volvio a sonar la sirena y decidí ir a la playa. Me senté en la arena, cuando el sol bajaba sobre Jaffa dibujando hermosos tonos dorados en el horizonte, era como si en el cielo no tuviera nada que ver con o que pasa la tierra.

Dos niños jugaban a enterrarse en la arena mientras un papá hacía un castillo de protección con cubetas de plástico.Una pareja caminaba tomados de la mano y un grupo de jóvenes bailaban y bebían en un chiringuito de la playa aparentemente ajenos a todo lo que ocurria en cielo y en la tierra.
Y pensé:

Tal vez eso es Israel, seguir caminando a pesar de lo que pase en el cielo o en la tierra aún cuando todo tiembla.

Di un paseo por el puerto veo el mar desde un muro antiguo. Es azul profundo, tranquilo también como si no supiera nada de lo que pasa tierra adentro.

Un hombre se sienta cerca de mí, tiene barba gris, ojos que no parpadean. Me dice:

“Hace años, yo también era nuevo aquí, creía que había que escapar pero luego entendí: aquí no se escapa se respira, se vive, se sigue.”

Le pregunto si no tiene miedo y el sonríe. mira al cielo.

“Claro que tengo miedo, pero lo guardo en el bolsillo. Y no lo dejo que me dirija.”

Esa noche, mientras caen bombas a cientos de kilómetros y la ciudad duerme sin apagarse, me doy cuenta de algo: No se trata de ignorar el miedo, se trata de caminar con él, sin que te robe la paz ni te domine ninguna circunstancia y aunque un misil Hutie ha caído en el aeropuerto de Ben Gurion y todos los vuelos estan cancelados no impedirá que sigamos caminando como lo hacen aquí sin que nos dirija el miedo.

Al día siguiente viajamos a Jerusalén mi lugar favorito donde la gente puede ver a Jerusalén como la capital espiritual del mundo. Es realmente un lugar especial para todas las religiones. Es precisamente el lugar más sagrado del mundo. Se puede decir que es centro del mundo, porque existe una fuerza que es percibida en cada uno, en forma especial.

¿Qué es esta fuerza que se encuentra de pronto en el hombre y actúa en él atrayéndolo a Jerusalén? El hombre comienza a sentir la raíz espiritual que hay en esta ciudad, que existe dentro de nosotros, al lado de nosotros. Es en esta raíz que hay una vida espiritual, la vida eterna, la fuerza del amor.

Hay piedras, hay calles, pero esta ciudad no la sentimos. La Jerusalén verdadera es posible sentirla sólo dentro de un corazón redimido.

Antes de ir a la ciudad vieja entramos en el shuk el mercado, bueno mas que entrar el shuk te traga.en un torbellino de voces, especias y sol reflejado en toldos color vino y acero. El aire huele a cardamomo, ajo, y algo más profundo, como si el tiempo aquí también fermentara.

Un hombre grita «zatar! zatar!» como si anunciara una profecía. Otro pela naranjas con una navaja que parece herencia de guerra. Una anciana revisa aceitunas negras como piedras volcánicas. Un chico de ojos verdes vende dulces como si fueran oro. Cada paso es un golpe de historia, cada acento una frontera invisible. Caminas entre montones de pistachos, cajas de dátiles, ráfagas de idiomas árabe y hebreo. A tu derecha, dos jóvenes ultraortodoxos debaten Talmud con manos en llamas. A tu izquierda, una mujer árabe le enseña a una turista francesa a pronunciar «baklava «Y tú, extraño, curioso, sudado, simplemente observas.

Un pan redondo con zaatar caliente cae en tus manos. No pediste, pero aceptas. siempre hay algo sagrado en recibir comida en Jerusalén. Muerdes el sabor te golpea con una mezcla de tierra, fuego, sal y algo que no puedes nombrar. No es solo pan. Es un idioma antiguo que se disuelve en tu lengua.

Más adelante, en una esquina húmeda, un anciano con sombrero negro murmura salmos entre tomates. Nadie lo escucha o quizá todos lo oyen sin oír.

Y entonces, al doblar la última esquina, una ráfaga de aire fresco y te detienes, miras atrás y entiendes que el shuk no es un mercado, es una metáfora viviente de este país una mezcla brutal de belleza, caos, fe y contradicción.

Y si te dejas, llevar, puede que cambie algo dentro de ti y veas Jerusalén de otra forma.

Aquella noche después de visitar y andar por lugares interesantes de Jerusalén, mis compañeros se fueron al shuk a cenar y disfrutar de sus restaurantes. preocupados por nuestros vuelos ya que casi todos y teníamos diferentes razones para volver a España.

Yo decidí ir al Kotel al muro algo afectado por la situación. Allí pretendía encontrarme con Enoc y Elias los dos posibles testigos que Zacarías y Apocalipsis dicen que aparecerán antes de que venga el Mesías. Una vez me encontrara con ellos me sentaría allí y esperaría a que viniera el Mesías, le dije mis pretensiones a mi profesora y mis compañeros y bromearon diciendo que si no me «había tomado la medicación».

Mientras caminaba hacia allí pensé que es necesario cuidar como una flor especial, que haya un gran deseo por la espiritualidad. Tenemos que ser como el ciego: no ver; y como el sordo: no escuchar, los consejos egoístas.

El hombre quiere salir de él y entrar a la Jerusalén de arriba y esperar al Mesías que de verdad traiga la paz y la verdad. Tendré que buscar la entrada que me lleve hacia dentro de la ciudad y llegar al muro para encontrar un nuevo estado de conciencia, el Lugar donde estuvo y estará el templo, el Lugar donde Jacob soñó con ángeles que subían y bajaban. el Lugar donde aparecerá el Mesías.

Nosotros somos el templo humano y cuando interactúa con el templo de piedra alcanzamos otro nivel de conciencia.

Normalmente hay sillas de plástico para que la gente se siente y haga sus plegarias. Tome tres una para Elias, otra para Enoc y otra para mi.

Alli me quede esperando y aunque ahora no estoy allí sigo esperando……….


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Categorías:Articulos

1 respuesta


  1. La espera será…..breve

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