¿Qué es el antisemitismo?

por Rav Tzvi Gluckin

El antisemitismo tiene siglos de existencia. ¿Qué es lo que lo diferencia de otras clases de odio y por qué es tan generalizado?

El antisemitismo se define como hostilidad hacia los judíos, prejuicio contra los judíos u odio a los judíos.

¿Qué significa antisemitismo?

Antes de referirnos a una definición específica de antisemitismo, es necesario explorar la historia del término.

El término antisemitismo fue acuñado en 1879 por el periodista y teórico de raza alemán Wilhelm Marr, en su panfleto “El camino a la victoria del germanismo sobre el judaísmo”. Marr se expandió sobre temas que había mencionado en una obra previa, en donde advertía que los judíos, como un grupo racial distintivo, o “semitas”, se estaban infiltrando y diluyendo la cultura alemana pura.

El termino es algo inapropiado en cuanto que “semita”, especialmente en el uso moderno, se refiere principalmente a un grupo lingüístico y alude también a otros, como los que hablan árabe, arameo y fenicio. Pero en el pantano racista de la Alemania del siglo XIX, se utilizó específicamente para referirse a los judíos y enfatizar su inferioridad racial.

El término cobró fuerza y hoy se lo usa casi universalmente para describir el odio y la intolerancia contra los judíos.

Dada la historia del término, muchos grupos (entre ellos la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto, la Liga Antidifamación , Yad Vashem, y otros) son cuidadosos de escribir el termino como una sola palabra (antisemitismo) y no con un guion (anti-semitismo). De acuerdo con la Alianza Internacional, “la ortografía con guiones permite la posibilidad de algo llamado ‘semitismo’, que no sólo legitima una forma de clasificación racial pseudocientífica que fue completamente desacreditada por su asociación con la ideología nazi, sino que también divide el término, despojándolo de su significado de oposición y odio hacia los judíos”.

La historia del antisemitismo

El antisemitismo es único en los anales de la historia, y sus características distintivas incluyen su universalidad, longevidad, intensidad e irracionalidad.

Universalidad: el odio judío es omnipresente y desde la era clásica, con el comienzo de la diáspora judía, los judíos se vieron sometidos a dificultades en las tierras donde vivieron, ya sea en Europa, Medio Oriente, el norte de África o el nuevo mundo.

Longevidad: el antisemitismo tiene milenios, y podemos encontrarlo en el imperio griego seléucida (en la época de la historia de Janucá) y con los decretos romanos como respuesta a sus dificultades para gobernar a la Judea ocupada por Roma. Pero todo se volvió mucho más enfocado e intenso con la conversión de Roma al cristianismo, el surgimiento del islam y los eventos que precedieron y rodearon a las cruzadas. En la época medieval, los crueles decretos, las expulsiones y los ataques antisemitas sancionados por el gobierno ya eran noticias viejas.

Intensidad: la discriminación contra los judíos y el estatus de ser de segunda clase, si bien son terribles, a menudo desembocan rápidamente en escandalosos líbelos, expulsiones, violencia colectiva, asesinatos y genocidio.

Irracionalidad: Todo y su opuesto es una “razón” para el antisemitismo. Por ejemplo, en los países comunistas los judíos eran odiados por ser “capitalistas”, mientras que en los países capitalistas eran odiados por ser “comunistas”. Cuando loa judíos viven en guetos, los odian porque son “un clan y se aíslan entre sí mismos”, pero cuando se asimilan los odian porque “tratan de infiltrarse y corromper la cultura dominante”. Cuando los judíos viven entre las naciones, los acusan de “conspirar para dominar al mundo”, pero cuando viven solos los llaman “sionistas colonialistas, ocupantes y opresores”. Los judíos son “demasiado blancos” para contar como una minoría oprimida, pero no “lo suficiente blancos” para apaciguar a los supremacistas blancos. Los judíos son las únicas personas acusadas de “matar a Dios”. Cualquier razón, por extravagante que sea, es una razón para que alguien odie a los judíos.

El antisemitismo en Europa

El antisemitismo europeo, si bien siempre latente, llegó a niveles feroces con las cruzadas. En el siglo X, la Europa cristiana se vio presa de la “fiebre del milenio” y la certeza de la segunda venida de Jesús (esperada para el año 1000). Cuando eso no sucedió, los cristianos dirigieron su ira contra los judíos, quienes no sólo rechazaron a Jesús en vida, sino que, en virtud de conservar sus creencias judías, continuaban rechazándolo.

Las cruzadas (que comenzaron en el año 1095) marcaron la primera violencia colectiva europea a gran escala contra los judíos, lo que se convirtió en el patrón hasta los tiempos modernos. Se estima que entre el 30 y el 50 por ciento de los judíos de Europa fueron masacrados por los cruzados que se abrían paso por Europa en su camino a liberar la Tierra Santa (donde asesinaron a la comunidad judía de Jerusalem).

Sin embargo, en los siglos siguientes, la experiencia de los judíos en Europa todavía llegó a ser peor. El período está marcado por líbelos de sangre, que es el falso argumento de que los judíos necesitan sangre cristiana para hornear matzot y que están dispuestos a asesinar para conseguirla; fueron culpados de la peste bubónica; hubo expulsiones, lo que implicó que en numerosas ocasiones comunidades judías enteras fueron desarraigadas de sus hogares y obligadas a desplazarse; pogromos o violencia y ataques desenfrenados; diversas masacres y la inquisición: confinamiento forzado, como en el primer gueto del mundo en Venecia, o la Zona de Asentamiento de Rusia; leyes y decretos raciales y, finalmente, el Holocausto.

El antisemitismo y el Holocausto

En los siglos previos a la Segunda Guerra Mundial, Alemania era una nación inundada de teorías racistas: convencidos de su propia superioridad y a la vez envueltos en una lucha existencial con los judíos del mundo. Como lo expresó Wilhelm Marr, quien acuñó el término “Antisemitismo” en 1879:

Tenemos entre nosotros a una tribu extranjera flexible, tenaz e inteligente que sabe cómo poner en juego de diversas maneras la realidad abstracta. No los judíos individuales sino el espíritu judío y la consciencia judía han dominado al mundo… Con toda la fuerza de sus ejércitos, el orgulloso imperio romano no logró lo que lograron los semitas en el Occidente y particularmente en Alemania.

Adolf Hitler, el líder indiscutible de Alemania desde su ascenso al poder en 1933 hasta su muerte en 1945, reunió las considerables fuerzas de su nación en un esfuerzo por expandir la visión de Marr.

Si sólo un país, por cualquier motivo, tolera en él a una familia judía, esa familia se convertirá en el centro germinal de una nueva sedición. Si un pequeño niño judío sobrevive sin ninguna educación judía, sin sinagoga ni escuela hebrea, [el judaísmo] está en su alma. Incluso si nunca hubiera existido una sinagoga, una escuela judía o un Antiguo testamento, el espíritu judío seguiría existiendo y ejerciendo su influencia. Ha estado aquí desde el principio y no hay un judío, ni uno solo, que no lo personifique.

En el contexto de los muchos horrores de la Segunda Guerra Mundial, la misión nacional alemana (bajo la dirección de Hitler) era erradicar a los judíos del mundo, lo que hoy se llama Holocausto. A principios de 1942, nueve millones de judíos estaban bajo control alemán. Para el final de la guerra, habían logrado asesinar a seis millones de ellos, o un tercio de la población judía del mundo.

El antisemitismo y el mundo islámico

Mahoma, el profeta del islam, tenía una relación complicada con los judíos. El pueblo judíoo es maldecido en el Corán, sin embargo también se le otorga el estatus de dhimmi como un “pueblo protegido”, lo que significa que pueden vivir bajo gobierno musulmán sin tener que convertirse. Aunque en la práctica el rótulo de dhimmi implica “segunda clase”, con un código de ley diseñado para separar a los judíos, humillarlos y enfatizar su inferioridad.

Similar a la experiencia judía en Europa, los judíos en el mundo islámico a veces fueron tratados bien, aunque en otros momentos fueron sujetos a horrorosas persecuciones, líbelos, expulsiones y otras humillaciones.

El Gran Mufti y Hitler

A pesar de las afirmaciones respecto a que el antisemitismo islámico es un fenómeno nuevo y simplemente es una reacción al sionismo, abundan los ejemplos de persecución islámica antijudía previos al retorno de los judíos a Israel, incluyendo la trágica historia de la comunidad judía de Yemen, el líbelo de sangre sirio, los horrores de la España islámica, y muchos otros. Cuando los judíos comenzaron a retornar a Israel a fines del siglo XIX, y especialmente después del ascenso de Haj Amin Al Husseini, el Gran Mufti de Jerusalem, los ataques antijudíos se intensificaron (incluyendo la masacre de Jevrón en 1929, y la revuelta árabe a fines de la década de 1930), culminando con la expulsión de poco menos de un millón de judíos de las tierras árabes cuando se fundó el estado de Israel en 1948.

El antisemitismo en los Estados Unidos

Comparado con la trágica historia de las comunidades judías de Europa y del mundo islámico, los judíos de los Estados Unidos en general fueron bien tratados. Sin embargo experimentaron discriminación, especialmente en las décadas previas a 1960, cuando se instituyeron cuotas para limitar su acceso a las universidades más prestigiosas, las empresas y negocios importantes no los contrataban y además se les prohibía la entrada a clubes y otros establecimientos y barrios exclusivos.

Posiblemente el ejemplo más infame del antisemitismo norteamericano ocurrío a fines de 1862 cuando, en medio de la Guerra Civil, los judíos fueron expulsados de un área llamada “Departamento de Tennessee”, que incluía partes de Tennessee, Mississippi y Kentucky.

El antisemitismo moderno

En el occidente, inmediatamente después del Holocausto y a medida que sus horrores comenzaron a darse a conocer, el antisemitismo en cierta forma pareció disminuir, aunque con el paso del tiempo retornó con fuerza, recuperando muchos de los mismos tropos y antiguos libelos con nuevas historias y villanos todavía más siniestros.

Inspirados por la publicación de comienzos del siglo XX, “Los protocolos de los sabios de Sion“, el registro falso de una reunión de ancianos judíos, surgieron teorías de conspiración modernas que sostienen que los judíos son una camarilla internacional que a pesar de no tener una nación controla la banca internacional, los medios de comunicación e incluso el clima. La extrema derecha estadounidense está convencida de que los intereses judíos, y en particular la familia Rothschild, controlan los bancos del mundo y son responsables de los incendios forestales y otros desastres naturales. Ellos también sostienen teorías extremistas, como la Teoría del Gran Reemplazo, que sostiene que los judíos conspiran para reemplazar a los trabajadores blancos con inmigrantes, musulmanes y otros.

En la izquierda, el antisemitismo vive bajo el disfraz de antisionismo, una teoría orwelliana donde los palestinos son los nuevos “judíos” y los judíos son los “nazis”. Los antisionistas argumentan que su postura simplemente critica las políticas del gobierno israelí, pero en realidad demonizan a los judíos, sin importar dónde vivan esos judíos o lo que ellos crean, y retornan a antiguos tropos, líbelos y acusaciones; condonan el vandalismo y la violencia, racionalizan los ataques terroristas y presionan a las empresas, universidades, artistas y gobiernos para que apoyen la campaña BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones) contra Israel. Según el activista de derechos humanos y ex prisionero soviético Natan Sharansky, la forma de distinguir entre las críticas legítimas a Israel y el antisemitismo es aplicar la prueba 3D: demonización, doble estándar y deslegitimación. Cuando la crítica cruza estas líneas, ya no es una crítica válida, es antisemitismo.

Otro tema antisemita emergente es promovido por grupos como los hebreos israelitas negros, que afirman ser los “verdaderos judíos” y sostienen que la comunidad judía actual es “falsa”. Otros declaran falsamente que los judíos ashkenazíes (judíos de ascendencia europea) en realidad son descendientes de los jázaros conversos al judaísmo y, por lo tanto, son impostores.

¿Por qué hay antisemitismo?

El antisemitismo existe hace milenios, y muchos pensadores trataron de explicarlo. Las razones más comunes dadas incluyen los ¡argumentos de que:

  • Los judíos son ricos, poderosos y desproporcionalmente influyentes en relación a sus números
  • Los judíos dicen que son el Pueblo Elegido
  • Los judíos mataron a Jesús
  • Los judíos son forasteros y diferentes a todos los demás
  • Los judíos son una raza inferior
  • Los judíos son chivos expiatorios fáciles

Si bien algunas de estas razones pueden describir la motivación de un antisemita particular en una situación determinada, ninguna de ellas explica el fenómeno, especialmente dado que el antisemitismo ocurre en momentos y lugares donde estas razones no son aplicables. Por ejemplo, los judíos que vivían en Rusia, en la Zona de Asentamiento, eran débiles y no tenían ni un centavo, pero de todos modos eran despreciados. Los judíos de Alemania en el siglo XIX renunciaron a su condición de ser el “pueblo elegido”, pero el odio a los judíos persistió de todos modos. Los cristianos pueden odiar a los judíos por rechazar a Jesús, pero eso no explica por qué los odian los no cristianos. Los judíos son odiados incluso cuando se asimilan y hacen todo lo posible por deshacerse de su identidad judía. Es difícil decir que los judíos son una raza, cuando hay judíos de todos los colores y tamaños, y convertirlo en un chivo expiatorio no es una razón para el antisemitismo, porque sólo se convierte en chivo expiatorio a quienes ya no te agradan.

El antisemitismo es la constante, mientras que la explicación cambia continuamente, y dado ese nivel de maleabilidad, las razones parecen más bien excusas. En definitiva, los judíos son odiados no tanto por lo que son sino por lo que representan.

De acuerdo con el Talmud, el odio a los judíos comenzó en el Monte Sinaí, lo cual, tal como lo registra el Libro de Éxodo, marca el nacimiento del pueblo judío (Éxodo 19:20). El secreto está en el nombre: “Sinaí” también puede leerse “siná”, la palabra hebrea para odio.

En otras palabras, hay algo en ser judío que hace que los antisemitas sufran apoplejía de rabia. Esto se remonta a los albores del pueblo judío y, ya sea que un judío esté o no en contacto con eso, de alguna manera lo representa.

Como dijo Adolf Hitler (y ya lo hemos citado): “Incluso si nunca hubiera existido una sinagoga, una escuela judía o un Antiguo testamento, el espíritu judío seguiría existiendo y ejerciendo su influencia. Ha estado aquí desde el principio y no hay un judío, ni uno solo, que no lo personifique.

Este espíritu judío se origina en el Sinaí, cuando de acuerdo con la Torá el pueblo judío recibió los Diez Mandamientos y se convirtió en el representante de una moralidad a la que muchos aspiran pero les resulta difícil alcanzar. De acuerdo con Sigmund Freud, “los judíos son tan odiados no porque mataron a Jesús, sino porque lo produjeron”.

En resumen

El antisemitismo es la hostilidad hacia los judíos, el prejuicio contra los judíos o el odio a los judíos. El término fue acuñado en 1879 por un teórico de la raza alemán, Wilhelm Marr. El antisemitismo europeo comenzó con la conversión del imperio romano al cristianismo, pero se volvió mucho más intenso con las cruzadas en el año 1095, y culminó con el Holocausto, el genocidio sistemático de seis millones de judíos europeos. El antisemitismo también tiene una larga historia en el mundo islámico. En los Estados Unidos, el antisemitismo ha sido prevalente, y vemos su reaparición bajo el disfraz de las modernas teorías de conspiración, la artimaña del antisionismo y el argumento de que los judíos falsifican su historia. Finalmente, el antisemitismo existe no por alguna “razón” o explicación conveniente, sino por los valores e ideales que representa el pueblo judío.

Preguntas y Respuestas:

¿El antisemitismo es racismo?

  • Es complicado. Alguien que nace de una madre judía es judío, sin importar lo que crea o practique. Un judío que se convierte a otra religión sigue siendo considerado judío por la ley judía. La conversión transforma a un gentil en judío, sin importar el color de su piel ni la forma de sus ojos. Espiritualmente, los conversos asumen una nueva identidad inmutable y adquieren nuevos ancestros.
    • Por el contrario, la idea de que el antisemitismo puede separarse del racismo es simplemente tanto antisemita como racista. Si la cultura contemporánea está tan delicadamente sintonizada con el pecado del racismo, esto debe basarse en el respeto por la dignidad de toda la humanidad y el valor divino de todos aquellos que fueron creados a imagen e Dios.

¿Cómo luchar contra el antisemitismo?

Las ideas judías influyen al mundo, pero el mundo no puede absorber el mensaje debidamente a menos que los mensajeros, el pueblo judío, lo conozca y lo enseñe. En vez de “¿por qué los judíos?”, la pregunta realmente es: “¿Por qué ser judío?”.

Sobre el Autor

Rav Tzvi Gluckin

Tzvi Gluckin es un rabino y escritor que vive en Boston. Él escribe extensamente sobre música y espiritualidad judía.



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