¿Cómo puedes detectar a Dios si no puedes verlo?

por Harold Gans24/08/2023
5 min de lecturaFacebookWhatsAppPrintFriendlyCompartirLa ciencia es adepta a detectar y medir aquello que no es directamente detectable.”Si Dios está con nosotros, ¿por qué entonces nos ha sucedido todo esto? ¿Y dónde están todas Sus maravillosas obras que nos refirieron nuestros padres?” (Jueces 6:13)

Buscar a Dios

¿Dónde está Dios? La pregunta parece extraña. Si alguien no cree en Dios, la pregunta no tiene significado. Si alguien cree en Dios, probablemente también cree que Dios no tiene cuerpo. No se encuentra en el universo físico de tiempo y espacio. Por lo tanto, la pregunta parece no tener sentido.Sin embargo, es una pregunta que se formula muchas veces, particularmente después de eventos trágicos.Esta pregunta fue formulada por el gran guerrero Guideón, a quien hemos citado. Fue pronunciada hace más de 3.000 años, después de años de opresión de su pueblo bajo un conquistador extranjero. En el pasado reciente, la pregunta fue formulada por quienes sufrieron la Primera y la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto. En tiempos modernos, la pregunta entró en foco después de eventos tales como el ataque del 9 de septiembre y la pandemia de Covid. La pregunta es formulada por los ucranianos que experimentan la destrucción sistemática de su país.

El desafío de la ciencia

En la Europa del siglo XVIII, la era del iluminismo vio un dramático incremento de la ciencia empírica unida con el uso de la lógica y la matemática. La ciencia comenzó a explicar los mecanismos subyacentes a muchos fenómenos naturales y, en algunos casos, cómo superar sus efectos dañinos. Muchas supersticiones fueron desacreditadas, llevando a un mayor cuestionamiento del dogma religioso.

Con el tiempo, la pregunta “¿dónde está Dios?” se convirtió en la declaración respecto a que dado que no vemos a Dios o Su efecto sobre la condición humana, en consecuencia se entiende que no hay Dios. La nueva ciencia explicaba cómo ocurrían las cosas, incluso si no podía explicar el “por qué”. El camino para tratar de entender el “por qué” también fue eliminado al eliminar a Dios. El universo y todo lo que hay en él llegó a ser visto como una compleja estructura mecánica determinista, y se esperaba que todos sus secretos eventualmente serían revelados a la ciencia.

La ciencia da un paso atrás

La ciencia ha recorrido un largo camino desde el siglo XVIII. Ahora se sabe que el universo no es una estructura mecánica determinista y muchos científicos tienen serias dudas respecto a si teóricamente somos capaces de descubrir todos sus secretos. Un celebrado teorema en la lógica matemática (llamado el teorema de la incompletitud), descubierto en el siglo XX, implica que nuestro conocimiento del universo necesariamente debe permanecer siempre incompleto.En los tiempos modernos, la ciencia exploró los confines del universo y detectó partículas elementales. Ha medido ondas en el espacio-tiempo. Ha desentrañado el código de la vida y desarrollado tecnología para detectar y medir lo invisible. Muchas personas (incluyendo a los científicos), nunca han reevaluado la pregunta planteada en el siglo XVIII sobre la existencia de Dios.Sin embargo, parece haber una dificultad insuperable al intentar verificar científicamente la existencia de Dios. ¿Cómo se puede confirmar la existencia de algo que es indetectable? La investigación científica se basa en lo que podemos observar, escuchar, oler, saborear o sentir. La tecnología moderna nos ha proporcionado instrumentos científicos como telescopios y microscopios, amplificadores y sensores químicos que pueden incrementar nuestros sentidos. Sin embargo, la ciencia no puede detectar a Dios con ninguno de esos instrumentos.

Ver con la mente

Pero resulta que la ciencia es adepta a detectar y medir aquello que no es directamente detectable. Uno de los instrumentos más simples, una brújula, detecta un campo magnético. A pesar de que un campo magnético no es detectable por ninguno de nuestros sentidos ni por ningún instrumento que incrementa nuestros sentidos, su existencia puede ser determinada por su efecto sobre cosas que podemos observar de forma directa. En este caso, por el efecto que el campo magnético de la Tierra tiene sobre la aguja de hierro de una brújula. Este es un ejemplo muy simple. Hay muchos otros ejemplos más sofisticados de detectar lo que no se puede observar por su efecto sobre cosas que pueden observarse.Dado que sólo podemos detectar a Dios examinando cualquier efecto que Él pueda tener o haya tenido sobre objetos físicos en nuestro universo, comenzaremos con el universo mismo. Las leyes de la física implican que el universo cobró existencia a partir de la nada absoluta. Hay dos posibilidades: o que el universo fue creado, o que cobró existencia por sí mismo. Si fue creado, debe tener una estructura no aleatoria. Si llegó a  existir por sí mismo, entonces no se esperan estructuras no aleatorias. Eso se debe a que la no aleatoriedad implica un diseño con propósito.La pregunta que debemos responder es: ¿Podemos ver la diferencia entre un universo creado y un universo que cobró existencia por sí mismo? Específicamente, ¿podemos demostrar científicamente que nuestro universo tiene una estructura (no aleatoria)?

No por casualidad

Cuando examinamos las diversas entidades en el universo desde una perspectiva científica, vemos que parecen contar con propiedades no aleatorias que hacen que el universo sea susceptible a la existencia de la vida. Ese es un principio bien conocido (y aceptado) en la física; su nombre técnico es “principio antrópico”. Hay una gran cantidad de esas propiedades no aleatorias.Un ejemplo es la fuerza de gravedad. Si fuera un poco más débil, las estrellas no producirían suficiente luz y calor para que exista la vida en ningún planeta cercano, tal como la Tierra. Si la fuerza gravitacional fuera un poco más fuerte, entonces no habría estrellas. En vez de arder de forma constante durante largos períodos de tiempo como lo hace nuestro sol, explotarían apenas se formaran. De una u otra forma, no podría haber vida en ninguna parte del universo.Otro ejemplo es el de la fuerza electromagnética. Esta fuerza es la que provoca que el hierro se vea atraído hacia un imán. Es lo que hace que funcione la brújula. Si fuera un poco más débil, no habría átomos. Si fuera un poco más fuerte, no habría moléculas. De una u otra forma, no habría ninguna estructura compleja que pudiera estar viva. Ni siquiera podría existir algo tan simple como el agua.Estos son sólo dos ejemplos en medio de muchos, pero… ¿cómo sabemos que no son sólo coincidencias? La física matemática puede medir la cantidad de orden (o desorden) en cualquier conglomeración de objetos, incluido el universo. Esta medida es llamada “entropía”. El cálculo de la entropía del universo da un valor que implica que el universo está tan bien ordenado que es virtualmente imposible que pueda haberse formado sin la dirección de una entidad extremadamente inteligente. Por lo tanto, vemos que la estructura misma del universo contiene la evidencia que implica que fue creado por Dios, dado que no había ninguna entidad física antes de la creación del universo.Un análisis científico de la estructura de todas las cosas vivas lleva a la misma conclusión. Cada organismo vivo en la Tierra contiene en sus células una molécula llamada ADN. El ADN define todas las propiedades del organismo. Él contiene una enorme cantidad de información, incluso para los virus más simples.Un cálculo matemático exacto muestra que son tan pequeñas las probabilidades de que el ADN del virus más simple conocido se haya formado espontáneamente en algún lugar del universo desde el comienzo del tiempo (de acuerdo con las mejores estimaciones de la ciencia actual, aproximadamente 13.8 mil millones de años atrás), que realísticamente, nunca hubiera tenido la posibilidad de ocurrir al azar. Las probabilidades no son de 1.000.000.000 a 1 (mil millones a uno), ni siquiera de 1.000.000.000.000 a uno (un billón a uno), sino de un asombroso 100000000 (¡4.000 ceros!) a (no hay un nombre para un número tan enorme a uno).En consecuencia, vemos que la estructura fundamental y el diseño de todos los organismos vivos en la tierra también apuntan sin ambigüedad a la existencia de un Creador. Por lo tanto, esto implica que usando puramente la ciencia podemos responder afirmativamente y sin ambigüedad la pregunta respecto a la existencia de Dios.

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Sobre el AutorHarold GansHarold Gans estudió en la Yeshiva Gur Aryeh y recibió un Bachillerato en Ciencias con honores en matemáticas del Brooklyn College. Además obtuvo una maestría en matemáticas del Belfer Graduate School of Science en la universidad Yeshiva University. Trabajó durante 28 años como criptólogo en la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos hasta su retiro en 1996, y ha realizados charlas en Estados Unidos, Israel, Inglaterra, Australia, Sudáfrica y Hong Kong. Actualmente vive en Baltimore con su esposa.



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