Tishá BeAv, el día más triste del calendario judío

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04/08/2022 | por Hanna Perlberger

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Cada judío es comparado con un Templo sagrado. Comencemos a reconstruir reparando nuestros fragmentos internos.

Tishá BeAv, el día más triste del año judío

Tisha BeAv, el noveno día del mes de av, conmemora la destrucción del Primer y el Segundo Templo y se considera “el día más triste del año” en el calendario judío. Para mí, es también uno de los más desafiantes, porque me cuesta encontrar las emociones apropiadas y sentirme “triste” porque eso es lo que me ordenan. La vida es suficientemente difícil en estos días sin tener que agregar más cosas.

No es que sea insensible, pero en general, me resisto a los sentimientos negativos y la incomodidad emocional. Especialmente en esta época, cuando muchos disfrutamos de las tan esperadas vacaciones y ya no estamos confinados a encierros. No queremos que oscurezca, ni siquiera por un día.

¿En dónde estás quebrado?

Si te resulta difícil relacionarte con los eventos que quebraron al pueblo judío hace más de dos mil años, aquí hay una sugerencia respecto a cómo puedes acceder a la energía de Tisha BeAv. Formúlate estas tres preguntas: ¿Hay algo quebrado en tu mundo, en tu comunidad, en tus relaciones o en tu familia? ¿Qué pasa contigo? ¿No hay nada destruido, dañado o fragmentado en tu corazón que necesite sanar? El alma de cada judío anhela la paz. Pero, ¿cómo podemos alcanzarla si no tenemos paz interna?

Cada judío es comparado con un Templo sagrado. Por lo tanto, ya sea que anheles reconstruir el Tercer Templo o sólo lograr un mundo mejor y más amable, con menos odio y más consciencia, quizás deberías empezar por ti. Como suelen decir: “Piensa global – actúa local”. Una forma de lograrlo es reparar las rupturas internas, los lugares en los que estamos fragmentados, como una casa dividida en contra de su voluntad.

Cómo nos quebramos

El “niño bueno”, “complaciente”, “salvador o héroe”, “cuidador emocional”, “administrador de riesgos”, “crítico”, etc. ¿Algunas de estas descripciones hace eco? Todas son ejemplos de sub-personalidades que creamos cuando somos niños, cuando tuvimos que restringir nuestras necesidades o emociones normales, incluso talentos y habilidades, o sufrir heridas y consecuencias emocionales negativas o rechazo.

Nuestra “sombra” es todo aquello que no podemos ver sobre nosotros mismos.

Cuando somos niños, dependemos de nuestros padres y otros cuidadores para sobrevivir. Pensamos que rechazar esas partes nuestras nos mantendrá a salvo, amados y queridos –o quizás tan sólo tolerados–. Por ende, cuando rechazamos, no aceptamos o escondemos las partes de nuestro ser que no complacen a aquellos de quienes depende nuestra existencia, no se trata sólo de un mecanismo de defensa sino de una brillante estrategia que asegura nuestra supervivencia.

Escondemos tan bien esas partes que, con el tiempo, ni siquiera nosotros sabemos que están ahí, al punto en que no podemos recuperar nuestra identidad. Sin embargo, estas partes nunca desaparecen. Ellas viven en lo que el psicólogo Carl Jung llamada la “sombra”. En pocas palabras, la sombra es todo aquello que no podemos ver sobre nuestro yo.

Proyección: el impacto negativo de la sombra

Y aquí está el problema. Como adultos, nuestra sombra puede causar conductas disfuncionales, impactando negativamente nuestras relaciones y creando una visión deformada de la realidad. Cuando nos enojamos con otras personas, a menudo nos enojados con esas mismas conductas que ocurren dentro nuestro, pero que no admitimos que están allí. Esto se conoce como «proyección», e implica que proyectamos en otras personas nuestras propias deficiencias “escondidas” (las cuales, a propósito, todos saben que están allí, menos nosotros). Esta tendencia es tan fuerte que a veces incluso proyectamos una conducta negativa cuando la otra persona objetivamente no tiene la culpa. Como suelen decir: el muerto se asusta del degollado.

Si la sombra es todo lo que no puedes ver sobre ti mismo, ¿entonces cómo puedes integrar lo que no puedes ver? Parece una broma. Pero no te desanimes, porque eso que causa dolor es también la clave para sanar.

Si lo ves… ¡lo tienes!

Piensa qué conductas te parecen ofensivas e irritantes, especialmente en alguien con quien vives en un conflicto perpetuo. Tu reacción emocional es una gran pista hacia tu mundo interior.

Si tienes una respuesta emocional persistente, hay grandes posibilidades de que estés reaccionando a alguien que refleja un aspecto de ti que no puedes ver. Un ejemplo simple: detrás de cada persona que “no soporta ser controlada” hay a menudo alguien que es muy controlador, pero que no reconoce su conducta. De ninguna manera estoy excusando, justificando ni minimizando la conducta ofensiva de nadie. Sin embargo, si su conducta te provoca repetidamente, allí hay algo que puedes aprender sobre ti mismo.

Puede que no parezca obvio en la superficie, pero si llegas a los aspectos más profundos de los problemas que «presionan tus botones», lo más probable es que encuentres algún elemento que pueda aplicarse a ti ahora o en el pasado, en donde fuiste insensible con otro de la misma forma o de una manera similar.

No te quedes estancado en un círculo de culpa

El punto de esta consciencia interna no es mortificarte ni dirigir hacia ti el dedo acusador, sino tener compasión por la otra persona (y por ti), reconociendo las cosas que tienen en común o la universalidad de la lucha. En vez de esperar de los otros un estándar imposiblemente alto de perfección (mientras que a ti mismo te permites resbalar), pasa de “Eso eres tú, no yo” a “Eso eres tú, y yo también”. O quizás eres solamente tú.

Cuando nuestros juicios se suavizan y el enojo disminuye, y aceptamos los defectos inevitables de los demás y los propios, comenzamos a construir la paz.

Cuando nuestros juicios se suavizan y el enojo disminuye, y aceptamos los defectos inevitables de los demás y los propios, comenzamos a construir la paz. Entonces quizás podemos darnos cuenta de que lo que percibíamos como defectos o miedos de infancia, como por ejemplo ser emocionales o vulnerables (sentimientos que no daban seguridad), no son defectos sino fortalezas. O tan sólo parte de la condición humana.

Cada uno contiene multitudes

En su poema “Canto a mí mismo”, Walt Whitman dice: “¿Me contradigo? Muy bien, entonces me contradigo a mí mismo. Soy grande, contengo multitudes”. Todos tenemos múltiples facetas en nuestra personalidad. Todos somos una mezcla de características positivas y negativas que se manifiestan bajo diferentes circunstancias. Cuando aprendemos a integrar nuestras partes inconscientes y rechazadas a nuestro consciente y permitimos que esas partes se expresen positivamente, podemos sanar nuestras heridas y volvernos más completos. Como dijo tan bellamente Carl Jung: “No hay luz sin sombra y no hay psiquis perfecta sin imperfección”.

Que podamos juzgar con menor rigurosidad a nosotros mismos y a los demás, tener más compasión, empatía y bondad. Que aquello que necesita sanar sane y que enviemos esa sanación a un mundo quebrado. Que veamos la redención. Que no suframos más. Y que tengamos paz.



Categorías:Articulos

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