Richard Dawkins y la eugenesia

16/6/2021  |  por Jeff Jacoby

Dawkins aboga por reducir las poblaciones “indeseables” evitando que nazcan.


“Como científico, tiendo a responder a cualquier cosa diciendo: ¿Es eso cierto? ¿Cuáles son los hechos?”.

Estas palabras fueron pronunciadas por Richard Dawkins, el renombrado biólogo evolutivo y aún más famoso (algunos podrían decir notorio) ateo, durante una conversación reciente en Radio 1 de Irlanda. Dawkins acaba de publicar un nuevo libro, una colección de textos de ciencia como literatura, llamado Books Do Furnish A Life, y se presentó en el programa de radio de Brendan O’Connor para publicitarlo.

Los dos conversaron sobre el rol de la ciencia durante la pandemia, sobre la belleza y la inspiración que Dawkins encuentra en su trabajo científico, sobre los científicos que (a diferencia de Dawkins) son religiosos, y sobre la perspectiva de Charles Darwin respecto a la raza y su apasionada oposición a la esclavitud.

Luego O’Connor cambió la dirección de la charla. Él trajo a colación un intercambio que tuvo lugar en línea en el cual Dawkins le respondió a una mujer que dijo que enfrentaría un “verdadero dilema ético” si llegaba a quedar embarazada y le decían que tenía un bebé con síndrome de Down. El consejo de Dawkins: “Abórtalo y vuelve a intentarlo. Sería inmoral traerlo al mundo si tienes la opción”.

O’Connor, cuya hija Mary nació en el 2010 con síndrome de Down, quiso preguntarle a su distinguido invitado sobre el tema.

“¿Por qué piensa que es inmoral traer al mundo a alguien con síndrome de Down?”.

Dawkins primero respondió reconociendo que los padres de niños con síndrome de Down indudablemente aman a sus hijos. “No voy a negar eso ni por un instante”. Pero dijo que casi universalmente el embarazo debe ser abortado si hay un diagnóstico prenatal de síndrome de Down.

O’Connor no lo dejó evadir la pregunta. Nadie estaba poniendo en tela de juicio el derecho legal de una mujer a abortar un embarazo si el bebé iba a nacer con síndrome de Down, “¿pero por qué es inmoral no abortar?”.

Dawkins concedió que “probablemente lo dije de una forma demasiado fuerte”. Pero siguió insistiendo en que era erróneo dar a luz a ese niño, “dado que la cantidad de sufrimiento en el mundo probablemente no disminuya (lo más probable es que aumente), en comparación con tener otro hijo que no tenga síndrome de Down”.

Incluso si tomamos la suposición de Dawkins al pie de la letra, su argumento es grotesco. La forma de minimizar el sufrimiento en el mundo es destruir de antemano a todo aquél que pueda llegar a sufrir. Según esta lógica, cualquier persona que pueda llegar a crecer en la pobreza debería ser abortada. Cualquiera que pueda llegar a nacer en un grupo demográfico perseguido o desfavorecido, un bebé del sexo, la raza, la religión o la etnia “equivocada”, debería ser abortado. Un feto que enfrenta cualquier dificultad física, mental o circunstancial debería ser destruido en el útero, para que no agregue más “sufrimiento” al mundo.

Cuando Dawkins afirma con seguridad que un feto con síndrome de Down debe ser abortado, habla por pura y arrogante ignorancia.

Pero dejemos de lado el extraño cálculo moral de Dawkins. O’Connor le preguntó cuál era su evidencia empírica respecto a que cuando una pareja tiene un bebé con síndrome de Down eso incrementa el sufrimiento global. Previamente Dawkins había dicho que su enfoque predeterminado es preguntar siempre: “¿Eso es cierto? ¿Cuáles son los hechos?”. O’Connor preguntó cuáles son los datos que Dawkins había reunido sobre el síndrome de Down. ¿Cómo sabía que abortar a un bebé con síndrome de Down hace que el mundo sea menos doloroso?

“No lo sé con certeza”, admitió el famoso científico. “Me parece plausible que si un niño tiene cualquier clase de discapacidad, entonces si en vez de él tienes otro hijo probablemente incrementará más la cantidad de felicidad en el mundo”.

O’Connor: Pero no tiene ninguna razón para saberlo.

Dawkins: No tengo evidencia directa.

O’Connor: Muy bien. Usted es una persona sumamente lógica y científica, por lo que yo pensé que podía tener algún respaldo lógico. ¿Conoce a alguien con síndrome de Down?

Dawkins: No, no íntimamente.

En otras palabras, cuando Dawkins afirma con absoluta seguridad que un feto con síndrome de Down debe ser abortado, habla por pura y arrogante ignorancia. No se basa en investigaciones ni en datos, sino en meras supersticiones. En síntesis, está haciendo exactamente aquello de lo que con frecuencia y desdén acusa a los creyentes religiosos.

Pero da la casualidad de que la ciencia tiene mucho que decir sobre el síndrome de Down y el impacto general que tiene sobre la vida humana.

Los investigadores del Hospital Infantil de Boston reportaron en el 2011 que “la experiencia del síndrome de Down es positiva para la mayoría de los padres, hermanos y personas con síndrome de Down”. En tres encuestas nacionales vinculadas, el equipo de investigación encontró que el 79 por ciento de los padres de un niño con síndrome de Down respondieron que su perspectiva de la vida mejoró gracias a su hijo, mientras que el 94 por ciento de los hermanos de alguien con síndrome de Down expresó orgullo por su hermano. En lo que respecta a las personas con síndrome de Down, un asombroso 99 por ciento dijo que estaban contentas con su vida, al 97 por ciento le gusta quienes son y al 96 por ciento les gusta cómo se ven. Sólo el 4 por ciento expresó tristeza por su vida.

Este es el “incremento de sufrimiento” que Dawkins insiste que sería inmoral no prevenir a través del aborto.

Lo que los investigadores documentaron estadísticamente, queda documentado también a través de la narrativa de muchas personas que tienen parientes con síndrome de Down. Uno de estos relatos fue publicado la semana pasada en el sitio web Tortoise, por Simon Barnes, un admirador de la obra científica de Dawkins que también es el padre de Eddie Barnes, un hombre de 20 años con síndrome de Down. “Nosotros no fuimos obligados a tener a Eddie debido a tiránicos prejuicios religiosos”, escribió Barnes.

Fue una decisión basada en el tema sobre el que Dawkins escribe con tanta certeza: la vida. Mi esposa tenía dentro de ella un hijo y decidimos no matarlo. Ese era nuestro derecho. Otras personas toman otras decisiones; ese es su derecho y no voy a llamarlos inmorales.

Pero me gustaría explicarles a esas personas, antes de que tomen la decisión de abortar, que Eddie nació, vive y prospera. Cuando fue integrado a una escuela primaria normal, la directora dijo que él había convertido a la escuela en un lugar mejor: más cariñoso, más considerado. Los alumnos votaron para darle a Eddie el ‘Premio anual de la Paz’.

En estos días, Eddie trabaja dos días a la semana en la excelente Clinks Care Farm en Norfolk. Hace poco completó un Curso de fotografía de la Universidad Abierta, el cual aprobó con una calificación de 89 por ciento. Le apasiona la música. Es un miembro valorado de su comunidad. Tiene buenos amigos de todas las edades, incluyendo su propia edad, y creo que todos dirían que conocer a Eddie enriqueció sus vidas. A Eddie y a mi nos encanta la vida salvaje. Él formula preguntas como: “¿Cómo llega a volar así un buitre?”. Yo puedo responderle porque leí a Darwin y a Dawkins. Soy más sabio por haberlos leído. En muchos aspectos también soy más sabio por haber vivido con Eddie durante los últimos 20 años.

A veces, Eddie nos dice: “Amo mi vida”. En mi opinión, esa es una buena razón para permitirle disfrutarla. Eddie ama y es amado. ¿Acaso esa no es una calificación suficiente para la vida?

En su entrevista radial, le preguntaron a Dawkins qué otras imperfecciones él “eliminaría” a través del aborto. Su respuesta: “Sordera, ceguera… [cualquier] discapacidad fácilmente diagnosticable”.

O’Connor quiso estar seguro de que estaba oyendo correctamente: “¿Usted cree que si podemos diagnosticar sordera, ceguera o cualquier otra discapacidad, debemos abortar esos niños, esos fetos?”.

Dawkins: Bueno, es una opción que tienen los padres.

O’Connor: ¿Usted piensa que sería inmoral no hacerlo?

Dawkins: Dejemos de lado lo inmoral.

O’Connor: Usted fue quien introdujo el tema de la inmoralidad.

Dawkins: De acuerdo. Muy bien, retiro lo dicho. Pero sería sabio. Yo pienso que sería sabio y sensible abortar a un niño que tiene una grave discapacidad que es diagnosticada a comienzos del embarazo.

La actitud de Dawkins tiene un nombre, aunque él nunca lo usa. Él es un defensor de la eugenesia, que considera que las poblaciones “indeseables” deben reducirse o eliminarse evitando que nazcan. A comienzos del siglo XX, en muchos estados el movimiento eugenésico logró que se aprobaran leyes que ordenaban la esterilización de personas consideradas no aptas para la reproducción. En el famoso caso de Buck vs Bell en 1927, la Corte Suprema confirmó el derecho de los gobiernos estatales a esterilizar por la fuerza a los ciudadanos “débiles mentales”. El Juez Oliver Wendell Holmes proclamó en nombre de la mayoría que “es mejor para todo el mundo si en lugar de esperar para ejecutar a los hijos degenerados por un delito, o dejarlos morir de hambre por su imbecilidad, la sociedad puede evitar que aquellos que manifiestamente son incapaces den continuidad a su clase”.

Margaret Sanger, la fundadora de la Liga Estadounidense de Control de la Natalidad, posteriormente llamada Paternidad Planificada, también estaba obsesionada con el perfeccionamiento de la raza humana a través de la eugenesia. En su influyente libro de 1922, The Pivot of Civilization, Sanger abogaba por tomar acción “inmediata, firme y definitiva” para resolver el “problema de los débiles mentales y la amenaza de los idiotas”, aquellos a quienes ella consideraba como el “peso muerto de los desechos humanos”. Ella denunció la provisión de atención médica gratuita a las “madres de los barrios marginales”, ya que eso “facilitaría… la maternidad entre las mismas clases en las que la necesidad absoluta es desalentarla”.

La eugenesia cayó en desgracia sólo después de que fuera acogida con entusiasmo por la Alemania nazi, donde asesinaron a más de 300.000 ciudadanos alemanes con discapacidades cognitivas y físicas.

La eugenesia cayó en desgracia sólo después de que fuera acogida con entusiasmo por la Alemania nazi, donde no sólo esterilizaron aproximadamente a 400.000 personas en contra de su voluntad, sino que también asesinaron a más de 300.000 ciudadanos alemanes con discapacidades cognitivas y físicas. No hace falta decir que hoy en día nadie propone que los niños nacidos con síndrome de Down deben ser sometidos a la eutanasia. Pero Dawkins está lejos de ser el único que argumenta que aquellos que van a nacer con la discapacidad deben ser asesinados antes de que puedan llegar a respirar en este mundo.

En gran parte de Europa, la tasa de aborto después de un diagnostico prenatal de síndrome de Down está por encima del 90 por ciento. Hace algunos años, el genetista Kari Stefansson dijo en la CBS que en Islandia, donde es habitual la detección prenatal, “básicamente hemos erradicado de nuestra sociedad el síndrome de Down”. Stefansson dejó claro que él no aprobaba el “asesoramiento genético de mano dura” que condujo a esos resultados, pero la CBS promovió su historia con un eslogan inconfundiblemente optimista: “Islandia está en camino a eliminar virtualmente el síndrome de Down a través del aborto”.

Excepto que Islandia y otras naciones europeas no están eliminando en absoluto el síndrome de Down. Lo que están eliminando son personas. Ellos apuntan deliberadamente a una categoría determinada de personas “no aptas” con el objetivo de eliminarlas. Esto también ocurre en los Estados Unidos, donde alrededor del 75 por ciento de las mujeres que se enteran que esperan un bebé con síndrome de Down abortan el embarazo, de acuerdo con un estudio publicado en el 2012.

En una columna del Washington Post del 2018, George Will afirmó sin rodeos que esta campaña sostenida y en gran medida exitosa para abortar a cualquier persona con síndrome de Down merece ser etiquetada como genocidio. Él escribió que ese es el término adecuado para cualquier “intento deliberado y sistemático de borrar una categoría de personas”. Cuando los especialistas prenatales alientan con fuerza esos abortos, cuando prominentes científicos como Dawkins declaran que el mundo sería un lugar más feliz sin bebés con síndrome de Down, lo que en verdad están promoviendo es una “Solución final al problema del síndrome de Down”.

El fanático de beisbol Jon Will, al lado de su padre George F. Will, le da al árbitro la tarjeta de alineación de los Washington Nationals el día de la apertura del torneo en el 2010.

De casualidad, Will tiene una buena razón para evitar los eufemismos al discutir el tema: su hijo mayor, Jonathan, tiene síndrome de Down. De modo que él sabe muy bien cuánta alegría y bondad se habría perdido el mundo si la vida de su hijo hubiera sido destruida en el útero. Cuando su hijo cumplió 40 años en el 2013, Will escribió: “A juzgar por Jon, el mundo mejoraría con más personas con síndrome de Down, que son bastante agradables en lo que respecta a los seres humanos”.

En el 2021, cualquier persona civilizada observa con horror la esterilización obligatoria de las personas discapacitadas que una vez fue defendida por las elites médicas y políticas. Algún día, aquellos que instan a la destrucción de los fetos con síndrome de Down evocarán la misma repugnancia. Mientras tanto, quedó claro que Richard Dawkins es un fanático engreído y desinformado. No es mucho, pero es un paso en la dirección correcta.

Este articulo apareció originalmente en Arguable, el boletín semanal de Jeff Jacoby, patrocinado por el Boston Globe.COMENTA EN ESTE ARTÍCULO


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Jeff Jacoby es columnista del Boston Globe.

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