Los secretos de Shavuot (semanas) por Aish Latino

Toda fiesta judía cae en un día específico del mes, con una excepción: Shavuot, el día en el que aceptamos la Torá. Shavuot es siempre el cincuentavo día después del comienzo de Pésaj. Bajo el calendario judío esencial en el que la corte rabínica determinó el comienzo de un mes a través de testigos que vieron la luna nueva, podía técnicamente caer en cualquiera de tres fechas dado que el número de días en el mes judío puede variar de año a año. El nombre Shavuot alude a su independencia del calendario estándar. El nombre significa “semanas”, demostrando cómo la fiesta marca la culminación de siete semanas más allá de la fecha. ¿Cuál es la esencia de este día sin fecha? Hay pistas para la respuesta en el proceso que lleva a Shavuot, el libro que leemos en Shavuot, y en el número 50 en sí mismo.

Metamorfosis

La clave para entender la fiesta de Shavuot yace dentro del proceso que lleva a ella. Comenzamos contando los días desde el éxodo de Egipto, nuestro nacimiento como pueblo, y continuamos hasta Shavuot, el cincuentavo día. Esa cuenta marca un período de metamorfosis nacional. El pueblo judío estaba tan consolidado en Egipto que la Torá describe al éxodo como la extracción de una nación de en medio de otra. Como un niño recién nacido, estábamos en nuestra infancia espiritual y en sólo 50 días alcanzamos la elevada estatura que nos permitió recibir la Torá. Nuestra cuenta comienza con un simple sacrificio de cebada, comida considerada como forraje para animales. Culmina con un sacrificio especial del pan más fino, (comida humana), significando nuestro arribo nacional a un nuevo nivel de existencia.

Rut

La evolución de un pueblo joven a una nación madura es reflejada también en la historia de Rut, que leemos en Shavuot. Rut fue una princesa moabita que se casó con un judío. Cuando su marido murió, Rut, siendo todavía joven, pudo fácilmente retornar a su pueblo y ser una celebridad en el trono real. En cambio, ella se aferró tenazmente a Naomi, su suegra judía, y estaba determinada a convertirse y a abrazar el judaísmo a pesar de todos los intentos por disuadirla. Ella se unió a la nación judía sin un centavo, con sólo su suegra como amiga. Pero aún así, su auto sacrificio y su cualidad fue advertida por un terrateniente adinerado y juez prominente llamado Boaz, de cuyo campo ella recolectaba el grano sobrante para ella y para Naomi. Eventualmente, él se casó con ella, y esa relación dio nacimiento al retoño de la monarquía judía, el Rey David finalmente descendió de ella. Nuestra tradición enseña que el Mesías, el futuro rey del pueblo judío, vendrá de esa línea también. Como que David nació en Shavuot, leemos la historia de su antepasado en ese día.

La ironía del origen de la familia real judía es extraordinaria. Moab fue la más baja de las naciones, conocida por su crueldad, especialmente hacia los judíos, y por su promiscuidad abierta. El propio ancestro de Moab fue de una naturaleza cuestionable. No sólo vino de una relación incestuosa entre Lot y su hija, quien emborrachó a su padre con un propósito específico en mente, sino que el nombre mismo de la nación anuncia el acto. Esa hija llamó a su descendencia “Moab”, que literalmente significa “de mi padre”. E igualmente David vino de la familia de esa princesa moabita que, al menos en los papeles, representaba todo lo que Moab defendió.

Rut, su renacimiento como judía, y la transformación que dio origen al Rey David, nacieron en Shavuot. Y esto se asemeja a nuestra marcha nacional desde Pésaj hasta Shavuot: comenzamos desde el más bajo de los niveles de la misma manera en que Rut lo hizo, y trabajamos nuestro camino hacia arriba hasta el punto en el que podemos recibir la Torá.

El Significado de Cincuenta

Mirando profundamente, podemos encontrar este mismo tema reflejado en nuestra cuenta hacia Shavuot, y la identidad del día como el cincuentavo día de la cuenta. El secreto yace en el número 50 en si. De acuerdo a la tradición judía, el mundo natural está basado en sistemas de siete. En el tiempo, hay siete días en la semana. En el espacio, un punto central puede ser expandido en seis direcciones opuestas: derecha e izquierda, arriba y abajo, adelante y atrás, siendo el punto en si mismo el tema central alrededor del cual todo está situado. La palabra sheva, siete, tiene los mismos caracteres que la palabra savea, que significa saciado, indicando la esfera que representa la expansión total de las posibilidades.

Cincuenta simboliza la habilidad de trascender todos los detalles y entrar en una esfera superior.

De esta manera, todo lo que está más allá de siete representa un mundo que trasciende a la naturaleza, una esfera superior. La palabra para ocho, shmone, viene de la palabra shamén, gordo, indicando algo que va más allá de sus propias fronteras. Un brit, circuncisión que marca la entrada al convenio con Dios, por lo tanto, toma lugar en el octavo día, un día que va más allá de todos los asuntos mundanos y conecta lo humano con lo Divino.

Para llevar este tema al siguiente nivel, (la expansión más completa de la esfera de la naturaleza), debemos multiplicar siete por siete. El resultado es 49. Ir uno más allá nos deja en 50, que simboliza la habilidad para trascender todos los detalles y entrar en una esfera nueva y más elevada. ¿Pero cómo es que el nivel 50 se relaciona con la marcha de una nación de la infancia a la madurez? ¿Qué conexión hay entre el renacimiento de Rut desde el ultra degenerado Moab a la madre de la realeza judía? La clave para entender el significado del nivel 50 yace dentro de una historia bíblica sobre nuestro patriarca Iaacov.

Cuenta judía

Camino hacia Israel, Iaacov se encontró con su hermano, Esav, quien estaba viniendo para “saludarlo” con un ejército de 400 soldados. Considerando la resolución previa de Esav de matar a Iaacov, Iaacov rezó, preparado para la guerra, y también envió olas de regalos para tranquilizar a su hermano. Al principio Esav se rehusó a la generosidad, y respondió con: “Yesh li rav” (tengo muchas cosas). De todos modos, Iaacov insistió y respondió con: “Yesh li kol” (lo tengo todo). Iaacov lo persuadió, y Esav aceptó todos los regalos.

¿De qué se trató el diálogo en realidad? ¿Cómo fue que el hecho de que Iaacov poseía “todo” determinó que Esav aceptara los regalos al final?

Iaacov se rehusó a todo lo que poseía en vistas de un todo más grande, una unidad trascendente.

Las protestas iniciales de Esav fluyeron al expresar que tenía “mucho”. De hecho, Esav representa un mundo basado en multitudes, en mucho y en cantidad. Cuando la familia de Esav es enumerada como solamente unas pocas personas, la Torá se refiere a ellos como nefashot, almas, en plural. En contraste, cuando la familia de Iaacov sumó 70, la Torá los llamó néfesh, alma, en singular. El poder de Iaacov y el significado de tener “todo” no es que Iaacov simplemente tenía una fortuna, sino que, había unificación en todo lo que poseía, y cada unidad individual que tenía se fusionaba en un todo más grande, una unidad trascendente. Iaacov verdaderamente lo tenía todo, y el regalo era apropiado para Esav, para quien la cantidad era siempre una cosa buena.

En nuestra cuenta hacia Shavuot, buscamos alcanzar el nivel de Iaacov. Contamos 49 días, representando el mundo de Esav, el plano de multitud en la expansión completa del número siete, representando la naturaleza. Alcanzamos el máximo en un mundo de cantidad. No es sorprendente que la guematria de Moab, la nación previa de Rut, es 49, representando el mundo físico, el hecho de acumular cantidades. Y nosotros vamos un paso más allá, y alcanzamos el 50, representado por el kol descripto como poseído por Iaacov. El valor numérico de kol es 50. Nuestro kol nos permite ir más allá de los detalles y fusionarlos en una sola unidad, trascender el mundo de la cantidad y alcanzar un todo unificado. Es ese nivel elevado el que nos trae desde la infancia, desde nuestro estatus de recién nacidos, a la madurez, y transforma cada experiencia que tenemos en una sola cosa. Nos permite venir desde las profundidades más hondas, para que la línea davídica provenga de los orígenes más humildes y alcance los lugares más elevados.

Recibimos la Torá en el día 50, no en una fecha del calendario. Es el producto de nuestra cuenta a través de todos los niveles naturales, y alcanzamos la trascendencia, hasta el punto en el que no incluimos el día 50 dentro de la cuenta – una fecha que no es cuantificable. En cambio, llegamos a él. En ese día, nos paramos bajo el Monte Sinaí como una sola persona, con un solo corazón. No éramos millones, sino simplemente uno. De forma paralela, la Torá habla de cada aspecto de la vida y provee guía para cada situación concebible. La Torá unifica cada detalle, fusiona cada componente dispar. Es el kol máximo. Nos permite tomar nuestras experiencias más básicas y nuestros humildes orígenes y unirlos para una causa mayor.

Hasta este día, el poder sobrevive. A través del proceso de Shavuot y los días que llevaron a él, podemos trascender nuestro pasado, y unificar todos los detalles de nuestra experiencia previa para alcanzar el punto en el que trascendemos lo que éramos y nos convertimos en algo más grandioso.

 

 

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