la edad del universo 2ªParte

La Edad del Universo
Por el Dr. Gerald Schroeder (Judaismo hoy)

¿Qué es un “día”?

Volvamos a los seis días del génesis. Ya aprendimos que cuando el calendario judío marca cinco mil setecientos y tantos años, nosotros debemos agregarle a esa cantidad “otros seis días”.

Hace unos años adquirí el fósil de un dinosaurio que estaba fechado (por dos cadenas radioactivas en decadencia) en 150 millones de años. (Si ustedes vienen a visitarme en Jerusalem, con mucho placer les mostraré el fósil – la vértebra de un plesiosaurio). Mi hija de siete años dijo: “Aba! Dinosaurios!? ¿Cómo pueden existir dinosaurios de 150 millones de años cuando mi maestro de Biblia dice que el mundo aún no tiene 6000 años?” Entonces le dije a mi hija que mire en el libro de Salmos 90:4. Allí podrás encontrar algo bastante increíble. El Rey David dice: “1000 años a Tus ojos (D’os), son como un día que pasa y una fracción de la noche”. Quizás el tiempo es diferente desde la perspectiva del Rey David de lo que lo es desde la perspectiva del Creador. Quizás el tiempo es diferente…

El Talmud, tratando de entender las entrelíneas de la Torá, analiza la palabra “jóshej” – que generalmente la traducimos como oscuridad. Cuando la palabra “jóshej” aparece en Génesis 1:2, el Talmud explica que significa “un fuego negro” – una energía negra, una clase de energía que es tan poderosa que no se puede ver. Dos versículos después, en Génesis 1:4, el Talmud explica que la misma palabra – “jóshej”- significa “oscuridad”, la ausencia de luz.

Otras palabras, tampoco son entendidas por su definición común. Por ejemplo, “máim” – generalmente significa “agua”, pero Maimónides dice que en el estado original de la creación, la palabra “máim” también significa “los bloques de la construcción del universo”.

Otro ejemplo podemos encontrar en Génesis 1:5, donde dice: “Fue la noche y la mañana – día uno”. Esta es la primera vez que un día está cuantificado: noche y mañana. Najmánides habla sobre el significado de la noche y la mañana. ¿Esto quiere decir: “puesta del sol y salida del sol”? Ciertamente parecería eso.

Pero Najmánides recalca un problema. El texto dice “fue la noche y la mañana – día uno”, “fue la noche y la mañana – segundo día”, “fue la noche y la mañana – tercer día”, pero sólo recién en el cuarto día el sol es creado. Najmánides dice que cualquier lector inteligente puede ver un problema obvio en esto. ¿Cómo tenemos un concepto de “noche y mañana” en los tres primeros días si el sol sólo es mencionado en el cuarto día?

Nosotros sabemos que el autor de la Biblia – aún si piensas que fue un grupo de beduinos sentados alrededor de una fogata en la noche – fue inteligente. Él, ella o eso produjo un Best Seller por miles de años, así que no puedes decir que se equivocó al escribir que el sol apareció recién en el cuarto día. La verdadera intención del autor es enseñarnos que a medida que pasa el tiempo y las personas entienden más sobre el universo, se puede penetrar más profundo dentro del texto.

Najmánides responde que el texto usa las palabras “vaiehí érev” – pero no quiere decir realmente “fue la noche”. Él explica que las letras hebreas ain, resh, bet – que forman la raíz de la palabra “érev” – encierran la idea de desorden, mezcla, y a la noche se la llama “érev”, porque cuando el sol baja, la visión se hace confusa. El significado literal de “vaiehí érev” es entonces: “hubo desorden”. Por otro lado – dice Najmánides – la palabra de la Torá para “mañana” – “bóker” – es el opuesto absoluto a “érev”. Cuando el sol sale, hay “bikoret”, el mundo se hace ordenado pues hay luz y tenemos nuevamente la posibilidad de discernir.

Es por eso que no fue necesario nombrar al sol hasta el cuarto día. Porque desde la noche hasta la mañana hay un camino desde el desorden al orden, de caos a cosmos. Esto es algo que cualquier científico va a testificar que nunca pudo haber ocurrido en un sistema sin una guía. El orden nunca surge del desorden espontáneamente. Debe haber una guía para el sistema. Esto es una declaración inequívoca.

El orden no puede surgir del desorden por reacciones casuales (en la teoría puede, pero en las probabilidades el número es tan infinitamente pequeño, que los físicos ven las probabilidades como cero). Entonces vas al Mar Muerto y dices: “Yo veo estos cristales de sal tan ordenados. ¿Quieres decirme que D’os está haciendo cada uno de los cristales?” No. Eso no es lo que estoy diciendo. Pero los cristales de sal no surgen casualmente. Ellos existen porque las leyes de la naturaleza, que son parte del paquete de la creación, hacen que se formen los cristales de sal. Las leyes de la naturaleza guían el desarrollo del mundo y hay una cantidad monumental de información sobre el desarrollo que está codificada en los primeros seis días de la creación. Pero no está incluida explícitamente en el texto, de lo contrario tendríamos creaciones en cada oración! La Torá quiere que te asombres con el curso del orden, comenzando de un plasma caótico y terminando en una sinfonía de vida. Día a día el mundo progresa hasta niveles más y más altos.

Orden que surge del desorden… es pura termodinámica… y está dicha en terminología de hace 3000 años atrás!!!

La Creación del Tiempo

Cada día de la creación está numerado, aún así hay discontinuidad en la manera en que los días están numerados. El versículo dice: “fue la noche y la mañana; día uno”. Pero en el segundo día no dice “fue la noche y la mañana; día dos”, sino que dice: “fue la noche y la mañana; segundo día”, y la Torá continúa con esta forma: “fue la noche y la mañana; tercer día… cuarto día… quinto día… el sexto día”.

Sólo en el primer día, el texto usa una forma diferente: no es el “primer día”, sino el “día uno” (iom ejad). Hay muchas traducciones que cometen el error en escribir “primer día”. Esto es porque los editores quieren que las cosas se vean lindas y consistentes, pero de esa manera anulan el mensaje verdadero del texto!, porque hay una diferencia cualitativa, como nos dice Najmánides, entre “uno” y
“primero”: uno es absoluto; primero es comparativo.

Najmánides explica que en el día uno, el tiempo fue creado. Esto es una visión fenomenal. El tiempo fue creado. Yo puedo entender crear materia, inclusive espacio. ¿Pero tiempo? ¿Cómo se crea el tiempo? No puedes agarrar el tiempo. No puedes siquiera verlo. Tu puedes ver espacio y materia, sentir energía, ver energía eléctrica. Yo entiendo una creación en esos campos. ¿Pero la creación del tiempo? Hace 800 años atrás, Najmánides llegó a este entendimiento porque la Torá usa la frase “día uno”. Y eso es exactamente lo que Einstein enseñó en las leyes de la Relatividad: que hubo una creación, no sólo de espacio y materia, sino de tiempo también.

La Ley de la Relatividad de Einstein

einstein(1)Miramos al universo y decimos: “¿Cuán viejo es el universo? Mirando atrás en el tiempo, el universo tiene 15 mil millones de años aproximadamente”. Esta es nuestra visión del tiempo. Pero ¿cuál es la visión del tiempo según la Biblia? ¿Cómo ella ve el tiempo? Quizás ve el tiempo de diferente manera. Y eso hace una gran diferencia.

Albert Einstein nos enseño que la cosmología del Big Bang no sólo trae en existencia espacio y materia, sino que también el tiempo es parte de esta cuestión. El tiempo es una dimensión. El tiempo está afectado por tu visión del tiempo. “Cómo lo ves” depende de “dónde lo estás mirando”. Un minuto en la luna va más rápido que un minuto en la Tierra. Un minuto en el sol va más despacio. El tiempo en el sol está realmente estirado de tal manera que si podríamos poner un reloj en el sol, correría más despacio. Es una diferencia pequeña pero es mensurable y medida. Si pondríamos allí una naranja a madurar, tomaría más tiempo que madure. ¿Por qué? Porque el tiempo corre más despacio. ¿Lo sentiríamos correr más despacio? No. Porque nuestra biología sería parte del sistema. Si estuviésemos viviendo en el Sol, los latidos de nuestro corazón serían más lentos. Donde sea que estemos, nuestra biología está sincronizada con el tiempo local.

Si pudiéramos mirar de un sistema a otro, veríamos el tiempo de manera muy diferente, porque dependiendo de factores como la gravedad y la velocidad, percibiríamos el tiempo de manera muy diferente.

Por ejemplo: una noche estábamos sentados en la mesa cenando, cuando mi hija de 11 años preguntó: “¿Cómo tu puedes tener dinosaurios? ¿Cómo puedes tener mil millones de años científicamente, y miles de años bíblicamente al mismo tiempo?”. Entonces le dije que imagine un planeta donde el tiempo está tan estirado que mientras nosotros vivimos dos años en la Tierra, sólo tres minutos pasaron en el planeta. Esos lugares realmente existen y son observados desde la tierra. Sería difícil vivir allí con las condiciones locales y no podríamos llegar allí tampoco, pero haciendo experimentos mentales podemos lograrlo. Dos años van a pasar en la Tierra y tres minutos van a pasar en el planeta. Entonces mi hija dijo: “Grandioso! Mándame al planeta. Yo estaré tres minutos allí. Haré dos años de tareas escolares por adelantado. Volveré a casa y no habrá tareas por dos años”.

Buen intento. Asumiendo que su edad era de 11 años cuando parte y sus amigas también, ella pasa tres minutos en el planeta y luego vuelve a casa (el tiempo de viaje no lleva tiempo), ¿qué edad tiene ella cuando vuelve? Once años y tres minutos. Pero sus amigas tienen 13 años porque ella vivió tres minutos mientras que nosotros vivimos dos años. Sus amigas crecieron de 11 a 13 años, mientras ella sólo 3 días.

Si ella hubiese mirado hacia nuestro planeta, su percepón del tiempo en la Tierra hubiese sido que nadie se estaba moviendo muy rápidamente. Y si nosotros miraríamos para arriba, veríamos que ella se está moviendo muy despacio.

¿Cuál es el tiempo correcto? ¿Tres años o tres minutos? La respuesta es: ambos. Los dos pasan al mismo tiempo. Esa es la herencia de Albert Einstein. Literalmente hay billones de lugares en el universo, donde si pondríamos un reloj en esa lugar, éste correría tan despacio que desde nuestra perspectiva (si podríamos llegar hasta tan lejos) pasarían 15 mil millones de años… pero el reloj en esa remota localidad marcaría seis días y nadie discute estos datos.

El Viaje del Tiempo y el Big Bang

¿Pero cómo esto ayuda a explicar la Torá? Porque de todas maneras el Talmud y los comentaristas parecen decir que los seis días del génesis fueron períodos regulares de 24 horas!!

Miremos un poco más profundamente. Las fuentes clásicas judías dicen que antes del comienzo nosotros no sabemos realmente que hubo; no podemos decir lo que antecedió al universo. El Midrash pregunta: ¿Por qué la Torá comienza con la letra Bet? Porque la Bet está cerrada en todas las direcciones, hacia arriba, hacia abajo y hacia la derecha; y sólo está abierta en su lado izquierdo, en dirección de la continuación del texto. Es por eso que no podemos saber lo que viene antes – sólo lo que viene después.

Najmánides complementa la afirmación. Él dice que a pesar de que los días tienen 24 horas, ellos contienen “kol iemot haolam” – todas las edades y todos los secretos del mundo.

Najmánides dice que antes del universo no hubo nada… pero repentinamente toda la creación apareció como un grano minúsculo. Él da la dimensión del grano: algo muy pequeño, como el tamaño de un grano de mostaza; y dice que es la única creación física. No hubo otra creación física; todas las otras creaciones fueron espirituales. El nefesh (el alma de los animales) y la neshamá (el alma del ser humano) son creaciones espirituales. Hay una sola creación física y esa creación fue un pequeño grano. El grano fue todo lo que había. Cualquier otra cosa era D’os. En ese grano estaba toda la materia prima que sería usada para hacer todo lo otro. Najmánides describe a la sustancia como “dak meod, ein bo mamash” – algo muy pequeño, no hay sustancia en el. Y cuando este grano se expandió, esta sustancia – tan delgada que no tiene esencia – se transformó en materia, como ya sabemos.

Más adelante Najmánides escribe: “misheiesh, itfos bo zman” – desde el momento que toda la materia se formó a partir de esta sustancia insustancial, el tiempo se relacionó con ella. No hubo un “comienzo”. El tiempo fue creado al comienzo. Cuando la materia se condensa, se congela, fuera de esta sustancia tan delgada que no tiene esencia – ahí es donde el reloj bíblico comienza.

La ciencia ha mostrado que hay una sola “sustancia insustancial” que puede transformarse en materia y es la energía. La famosa ecuación de Einstein: E=MC² , nos dice que la energía puede transformarse en materia… y una vez que se transformó en materia, el tiempo toma lugar.

Najmánides ha hecho una afirmación increíble. Yo no sé si él conocía las leyes de la Relatividad pero nosotros sí las conocemos. Sabemos que la energía (ondas radiales, rayos gama, rayos x, haces de luz) viajan a la velocidad de la luz que es 300 millones de metros por segundo. A esa velocidad el tiempo no transcurre. El universo se fue avejentando pero el tiempo sólo tuvo lugar cuando la materia se hizo presente. Este momento del tiempo, antes de que el reloj bíblico comience, duró 1/100.000 de un segundo aproximadamente. Un tiempo ínfimo. Pero en ese tiempo el universo se expandió de ser un grano pequeño hasta el tamaño del Sistema Solar. Desde aquel momento en adelante tenemos materia y el tiempo corre. El reloj comienza aquí.

Ahora, el hecho de que la Torá nos dice que hay “noche y mañana, día uno”, nos viene a enseñar el tiempo desde una perspectiva Bíblica.

Einstein comprobó que el tiempo varía de un lugar a otro en el universo, y que el tiempo varía de una perspectiva a otra perspectiva en el universo. La Torá dice que hay “noche y mañana, día uno”.

Si la Torá nos hubiese hablado del tiempo en los días de Moshé y el Monte Sinai – bastante después de Adam – el texto no hubiese dicho “día uno”, porque cuando estuvimos en el Sinai, millones de días ya habían pasado desde la creación y como había una gran cantidad de tiempo con el cual comparar al día uno, hubiese dicho “primer día”. En el segundo día del génesis, la Torá dice “segundo día”, porque ya había un primer día con el cual compararlo. Podíamos decir en el segundo día “lo que pasó en el primer día”, pero no podíamos decir en el primer día “lo que pasó en el primer día”, porque “primero” implica comparación, una serie existente, y todavía no había una serie existente. Un día era todo lo que había.

Aún si la Torá hubiese visto el tiempo desde Adam, hubiese dicho “primer día”, porque para su propia afirmación habían seis días. Pero la Torá dice “día uno” porque la Torá está mirando hacia adelante no desde Adam sino desde el comienzo, y dice: ¿cuántos años tiene el universo? Seis días (hasta Adam).

Mirando hacía atrás en el tiempo, decimos que el universo tiene 15 mil millones de años. Pero todo científico sabe que cuando decimos que tiene 15 mil millones de años, hay una parte de esta oración que nunca se dice. La otra parte de la oración es: El universo tiene 15 mil millones de años visto desde las coordenadas del tiempo-espacio que utilizamos donde nosotros estamos. Esa es la visión de la relatividad de Einstein.

La clave es que la Torá mira hacia adelante en el tiempo, desde coordenadas de tiempo-espacio muy diferentes, cuando el universo era pequeño. Pero desde entonces el universo se ha expandido. El espacio se expande, y esa expansión del espacio cambia totalmente la percepción del tiempo.

Imagínate volviendo atrás miles de millones de años hasta el comienzo del tiempo. Ahora haz de cuenta, en el comienzo del tiempo, que hay una comunidad inteligente (esto es totalmente ficticio). Imagina que la comunidad inteligente tiene un láser y está por disparar un explosivo de luz y cada segundo sale un pulso. Cada segundo un pulso. Pulso. Pulso. Disparan la luz y luego, millones de años más tarde, más allá de la línea del tiempo, nosotros aquí en la tierra tenemos un gran satélite y recibimos ese pulso de luz. En ese pulso de luz está impreso (información impresa en la luz es llamada fibras ópticas) “Yo les estoy enviando un pulso cada segundo”. Luego un segundo pasa y el próximo pulso es enviado.

Ahora, la luz viaja a 300 millones de metros por segundo, así que los dos pulsos de luz están separados por 300 millones de metros. Ellos viajan a través del espacio por miles de millones de años y llegarán a la tierra miles de millones de años más tarde. Pero… un momento! ¿El universo está estático? No. El universo se está expandiendo. Esa es la cosmología del universo. Y eso quiere decir que se está expandiendo dentro de un espacio vacío afuera del universo. Existe sólo el universo. No hay espacio afuera del universo. El universo se expande mediante la expansión del espacio. Es así que estos pulsos viajan a través de miles de millones de años y el universo se expande y el espacio se expande. ¿Qué sucede entonces con estos pulsos? El espacio entre ellos también se expande. Los pulsos realmente se alejan y alejan más. Miles de millones de años más tarde, cuando el primer pulso llega, nosotros decimos: “Oh, un pulso!” Y en él está escrito: “Yo les estoy enviando un pulso cada segundo”. Tu llamas a todos tus amigos y esperas el siguiente pulso. ¿Llega el pulso un segundo más tarde? No!! ¿Un año más tarde quizás? No. Quizás miles de millones de años más tarde. Porque dependiendo de cuánto tiempo este pulso de luz ha viajado a través del espacio, se determinará la expansión que ha sufrido. Esto es cosmología standard.

¿15 Mil Millones de Años o Seis Días?

Hoy en día nosotros miramos al tiempo hacia atrás y vemos 15 mil millones de años. Mirando hacia adelante, desde un universo muy pequeño – 1mil millones de veces más pequeño – la Torá nos dice: “seis días”. Verdaderamente, los dos datos pueden ser correctos.

Lo que es excitante en los últimos años en la cosmología, es que ahora nosotros hemos cuantificado los datos para saber la relación entre la “visión del tiempo” desde el comienzo, y la “visión del tiempo” hoy en día. No es ciencia ficción. Cualquiera de una docena de libros de física trae el mismo número. La relación general entre el tiempo cerca del comienzo y el tiempo hoy en día es un millón de millones. Eso es 1 con 12 ceros detrás de él. Entonces, cuando una visión desde el principio mirando hacia adelante dice “yo les estoy enviando un pulso por segundo”, ¿lo veremos cada segundo? No. Lo veremos cada millón de millones de segundos. Porque eso es el efecto de expansión de la extensión del universo.

La Torá no dice cada segundo. Dice “seis días”. ¿Cómo veríamos esos seis días? Si la Torá dice: estamos enviando información por seis días, ¿recibiríamos esa información como seis días? No. Recibiríamos esa información como seis millones de millones de días. Porque la perspectiva de la Torá es desde el comienzo en adelante.

Seis millones de millones de días es un número muy interesante. ¿Cuánto sería en años? Dividido por 365, viene a ser algo así como 16 mil millones de años. Esencialmente la edad estimada del universo. Una buena estimación para 3000 años atrás!!

La manera en que estas dos cantidades se igualan es extraordinario. Yo estoy hablando como un teólogo y yo estoy haciendo un reclamo científico. Yo no saqué estos números de un sombrero. Es por eso que me extendí en mi explicación, para que ustedes puedan seguirla paso a paso.

Ahora podemos seguir adelante. Miremos el desarrollo del tiempo día a día, basado en la expansión. Cada vez que el universo se duplica, la percepción del tiempo se divide al medio. Cuando el universo era pequeño, se doblaba rápidamente. Pero a medida que el universo se hace más grande, tarda más tiempo en duplicarse. Este ritmo de crecimiento de la expansión está citado en “Los Principios de la Cosmología Física”, un texto que es usado en todo el mundo.

Los cálculos resultan de la siguiente manera:

  • El primero de los días Bíblicos duró 24 horas, visto desde “la perspectiva del comienzo      del tiempo”. Pero la duración desde nuestra perspectiva es de 8 mil      millones de años.
  • El segundo día, desde  la perspectiva de la Torá, duró 24 horas. Desde nuestra perspectiva duró      la mitad del día anterior, 4 mil millones de años.
  • El tercer día también  duró la mitad del día anterior, 2 mil millones de años.
  • El cuarto día – mil  millones de años.
  • El quinto día –  quinientos millones de años.
  • El sexto día –   doscientos cincuenta millones de años.

Cuando sumamos los seis días, obtenemos como resultado que la edad del universo es de 15 y 3/4 mil millones de años. Igual que lo que dice la cosmología moderna. ¿Es casualidad?

Pero hay más aún. La Torá nos cuenta qué pasó en cada uno de esos días. Ahora puedes tomar la cosmología, la paleontología, la arqueología, leer sobre la historia del mundo y verificar si se asemejan o no día por día. Te doy un adelanto, se asemejan tanto que te dará escalofrío en todo el cuerpo cuando lo leas.

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