
01/01/2026
Charlie Kirk adoptó el Shabat como una pausa que le cambió la vida. El judaísmo considera al Shabat como la fuerza que sostuvo a un pueblo y cambió el mundo.
Antes de su asesinato, el proyecto final de Charlie Kirk fue presentar la idea del Shabat a millones de personas en todo el mundo. Su libro, Stop, in the Name of God: Why Honoring the Sabbath Will Change Your Life, fue publicado póstumamente este mes y se convirtió de inmediato en un éxito de ventas.
Cualquiera sea la opinión sobre la política y la personalidad de Kirk, indudablemente era una persona muy exitosa y de alto rendimiento: conducía tres horas diarias de radio, compaginaba una intensa agenda de viajes y conferencias, y recaudaba 100 millones de dólares al año para sus organizaciones.
Durante 24 horas, Charlie Kirk apagaba su teléfono y se apartaba de su frenética agenda para pasar tiempo con su familia y realinearse con su yo interior.
Precisamente debido a ese estilo de vida frenético, siempre que podía Kirk apagaba su teléfono durante 24 horas cada semana, desde el viernes por la noche hasta el sábado por la noche. Él y su familia pasaban el día haciendo caminatas, escribiendo diarios personales y simplemente desconectándose del ruido.
Kirk escribió:
Conmemorar la historia
Sin embargo, hay un segundo tema fundamental del Shabat. En el Kidush de la noche del viernes, los judíos declaran que el Shabat no solo “da testimonio de la Creación”, sino que también “conmemora la salida de Egipto”.
Más allá de la liberación nacional, el Éxodo transmite una revelación sobre la naturaleza misma de la realidad. La Creación estableció que el mundo tiene un Autor. A través de las Diez Plagas y la partición del Mar, milagros abiertos que subvirtieron la ley natural, el Éxodo demostró la participación del Autor en el mundo.
El Shabat es un testimonio semanal de que el destino humano está gobernado por la providencia Divina.
El Éxodo no solo liberó a un pueblo, sino que forjó una nación cuya misión colectiva es revelar la presencia activa de Dios en la historia. El acto de creación de Dios es una abstracción universal. Nadie estuvo allí para presenciarlo. La providencia Divina requiere un testigo vivo. El Éxodo no solo liberó a un pueblo; formó una nación cuya misión nacional es revelar la participación activa de Dios en la historia.
Cada semana, en Shabat, el pueblo judío reafirma las verdades duales de la Creación y la providencia Divina, dos elementos fusionados en un solo día.
Una señal eterna
Hoy, las grandes civilizaciones de la historia (egipcios, griegos, persas, babilonios, romanos) son reliquias arqueológicas. Mientras tanto, el pueblo judío, a pesar de ser poco numeroso, estar disperso por todo el mundo y haber sido objeto de intensa persecución, ha tenido un impacto desproporcionado en el mundo.
A lo largo de continentes y siglos, los imperios cayeron y las lenguas desaparecieron, mientras que cada Shabat el pueblo judío se reunía alrededor de la mesa para renovar su vitalidad eterna.
Representando apenas el 0,2 por ciento de la población mundial, los judíos han recibido aproximadamente el 25 por ciento de todos los Premios Nobel. Eso no es una influencia proporcional; es una influencia en una escala mil veces superior a su peso demográfico. Contra toda expectativa histórica, un pueblo pequeño y vulnerable ha dado forma a la ciencia, la ética, el derecho, la medicina, la economía y la cultura muy por encima de su número, dejando una huella en la civilización que los imperios no pudieron dejar.
A lo largo de continentes y siglos, los imperios cayeron, las fronteras cambiaron y las lenguas desaparecieron. Mientras tanto, el pueblo judío se reunía alrededor de la mesa de Shabat cada semana para renovar su vitalidad eterna.
El milagro de la supervivencia judía da testimonio de la guía activa de Dios. Como escribió Rav Iaakov Emden (Europa, siglo XVIII):
La supervivencia judía a lo largo de las generaciones es más milagrosa que todos los milagros bíblicos. Cuanto más se prolonga el exilio, más se confirma el milagro de la supervivencia judía, revelando el poder y el dominio de Dios.
Hoy hemos sido testigos de cómo, después de 2.000 años de exilio y de las cenizas del Holocausto, el pueblo judío reunió milagrosamente a los exiliados, revivió la antigua lengua hebrea, hizo florecer el desierto y construyó la nación de los start-ups.
Todas las demás naciones se sostienen por el poder, la tierra, la lengua o la memoria. El pueblo judío se sostiene por un ritmo de siete días. Como dijo célebremente el poeta Ajad Haam: “Más de lo que los judíos han cuidado el Shabat, el Shabat ha cuidado a los judíos”.
Rav Samson Rafael Hirsch (Alemania, siglo XIX) escribió:
El Shabat no es meramente un día de descanso, sino la señal eterna del pacto entre Dios e Israel (Éxodo 31:17). El Shabat da testimonio de que la existencia nacional de Israel está ligada a su misión de proclamar a Dios como Creador del cielo y la tierra, y como Aquel que interviene en la historia para redimir a los oprimidos y guiar a la humanidad…
Por lo tanto, mientras Israel exista, el Shabat existe. Y mientras el Shabat exista, Israel permanece como el pueblo eterno.
Para Charlie Kirk, el Shabat era una herramienta valiosa para mejorar la vida.
Para el pueblo judío, es nuestro secreto de longevidad y éxito.
Sobre el Autor
Rav Shraga Simmons pasó su infancia haciendo ‘trekking’ en la nieve de Buffalo, Nueva York. Ha trabajado en las áreas de periodismo y relaciones públicas, y actualmente es el Co-Editor de Aish.com en Jerusalem.
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Categorías:Articulos
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