Cápitulo 1 “Junto al rio Quebar”

Sucedió que en el año treinta, al quinto día del cuarto mes, estando yo entre los desterrados junto al río Quebar, los cielos se abrieron y vi visiones de Dios.( Ezequiel 1.1).

No hay desastre mayor para un pueblo, país, nación, que los dirigentes civiles o religiosos no estén a la altura de la autoridad y responsabilidad que les ha sido encomendada. Pueden llevar a una nación a crisis  económicas, hambrunas, pobreza, pueden desfragmentar una nación hasta hacerla desaparecer. Unos lideres sedientos de poder, egoístas megalómanos, amantes de sí mismos, devoradores de riquezas, pueden someter a sus pueblos a las cuotas más bajas de la miseria.

Pero puede ser aun peor, un pueblo o sociedad que pierde sus valores está condenada a desaparecer o quedar sometido a valores ajenos, extraños e impuestos por otros que destruyen los fundamentos, hasta llegar a un punto de caer bajo dominio o asimilación de otros pueblos y culturas, por el cual pierden la seña de identidad en que fueron formados.

Dios hizo de Israel un pueblo diferente a los otros pueblos, integrando sus valores por medio de la Torah (1). Y en torno a ella, a sus tradiciones no corrompidas o mal interpretadas, se formo un pueblo que a pesar de caídas, exilios, malos dirigentes, permanece hasta el día de hoy, cumpliendo Dios sus pactos y promesas.

La materialización de estas promesas absolutas hechas por Dios a Su pueblo es una de las más increíbles maravillas y milagros de la historia de la humanidad. Israel es un pueblo de la antigüedad, que se transformó en nación hace más de tres mil años. Ellos solos, de todos los pueblos de la antigüedad, sobreviven hasta el día de hoy con su carácter nacional y su propósito intacto, a pesar del exilio y a pesar de haber perdido su soberanía, durante la mayor parte de su existencia. Unicamente la nación judía ha conservado su fe y su religión intactas, así como su carácter singular y su unidad como un “pueblo que habitará solo”, inclusive cuando se vio disperso entre las naciones.

Este sorprendente fenómeno resulta mucho más significativo si recordamos el amargo y prolongado exilio que ha soportado Israel.

Durante casi dos mil años, este pueblo se desparramó de un confín al otro de la tierra, desprovisto de toda semblanza de una patria, sin una organización nacional unificadora o fuerza política cohesiva que mantuviera el contacto entre las comunidades distantes de todo el mundo. Durante este mismo período, las naciones vecinas sufrieron altibajos, se confederaron y se desbandaron, alteraron sus caracteres nacionales a través de la asimilación y la conquista, hasta que por fin naciones enteras desaparecieron de la faz de la tierra. Mas Dios no permito que  el Pueblo Judío  se asimilara ni se mezclara con otros pueblos. Además, las distintas comunidades judías, a pesar de estar dispersas en todas direcciones, siempre mantuvieron un lazo cohesivo que las unía, y de ese modo compartían una afinidad y una alianza que superaban las vastas distancias que las separaban, así superaron las marcadas diferencias de cultura, idioma y costumbres de sus respectivos países de asilo.

Pero a pesar de todo también sufrieron sus altibajos y coqueteos con los dioses de otros pueblos, y es que para “Los hijos de Adam”  el monoteísmo es un problema, dentro de la naturaleza caída humana. La vida idolátrica o la elección de dioses a la carta es mucho más sencillo, más cómodo que y exige menos responsabilidad que escuchar a Yahvé, alguien que conoce perfectamente el corazón y la naturaleza del ser humano.

Y dentro de todo este ambiente es donde aparece la figura del profeta, en nuestro caso Ezequiel. Dios lo envía al pueblo, ante habitantes de ciudades o de reinados, con el objetivo de hacerles entender e informarles de lo que ha de ocurrir, o para impedirles que continúen cometiendo acciones reprobables.

Una labor que desarrollaron muchos profetas enfrentándose a sociedades corruptas o pervertidas, a Reyes propios o ajenos, desfasados, al borde de la locura o la esquizofrenia.

Una labor no muy agradable, pero realizada en obediencia  a pesar de todo. Se enfrentaron a todo y a todos, encontraron muchos peligros y obstáculos en el camino, pero también se enfrentaron a ellos mismos, a sus temores, a sus miedos, a sus debilidades.

Sobre todo a pueblos no ignorantes, eran pueblos que no querían ver ni escuchar la verdad cerrando su entendimiento a la verdad de Dios.

En el libro de Ezequiel siempre aparece insistente la expresión “Hijo del Hombre” como un recordatorio para que no se le olvide su condición y su naturaleza, para poder reconocer esa naturaleza, entonces poder negarse a sí mismos, apagar el ego, condición imprescindible del profeta para poder ser utilizado por Dios.

Ahora Ezequiel el sacerdote se encuentra exiliado, sin Jerusalén, sin Templo donde ejercer el oficio para el que había nacido, transmitido de generación en generación. Ezequiel hijo de Buzzi está junto al río Kebar(2) cerca del río Éufrates, cerca de Babilonia.

La sincronización entre Reyes y profetas funciono perfectamente con  el Rey Josías, quien llevó adelante, con ayuda del profeta Sofonías, todo un proceso de renovación en el pueblo de Israel, El Rey Josías es el ejemplo de un reinado modelo ideal para conducir al pueblo.

Un Rey sin sacerdote o profeta, es decir, sin alguien capaz de escuchar la voz de Dios era un Rey cuyo reino estaba condenado al fracaso. El Rey necesitaba a alguien a su lado que pudiera poner límites a su autoridad, control a su comportamiento y conducir al pueblo hacia Dios.

En el libro de Apocalipsis leemos:

…y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra” (Apoc. 5:9-10). R.V.

Lo ideal es el equilibrio entre autoridad y sacerdocio, Jesús nos quiere llevar a esa situación de equilibrio y sincronización en nuestras vidas. Jesús el Mesías es el Rey perfecto, y será en su segunda venida que se manifestara con estas dos características o oficios esenciales.

Pero después de la muerte del Rey Josías, comienza el deterioro en Israel, el equilibrio Rey-Sacerdote se acaba. Sus reyes ya no son elegidos por el pueblo sino que son impuestos por los grandes imperios vecinos y el consejo de los profetas o sacerdotes no es escuchado.

Así, el sucesor del rey Josías, Joaquín, recibió la corona gracias al apoyo del faraón de Egipto, pero pronto pasó bajo el dominio del imperio Babilónico, situado al norte del país.

Mientras el rey de Israel pagaba los impuestos al rey de Babilonia, el pueblo vivía en relativa calma. Pero cuando el rey Joaquín en el año 597 dejó de pagar tributos a Babilonia, Nabucodonosor, rey de Babilonia invadió Jerusalén y llevó presos a Babilonia al rey y, junto con él, a gran cantidad de gente entre ellos Ezequiel.

El nuevo rey títere, impuesto por Babilonia, comienza a pagar de nuevo los impuestos. Durante algunos años hubo relativa calma. Pero el pueblo no pudo aguantar el peso de la opresión babilónica y en el año 588 se produjo una revuelta en contra.

La respuesta no se hace esperar: Jerusalén es cercada por el ejército babilonio y después de año y medio de asedio tiene que rendirse. La ciudad es incendiada y saqueada y todos sus habitantes son llevados presos a Babilonia. Así comienza la época más triste en la historia de Israel, el exilio. El pueblo de Israel se encuentra de repente en tierra extraña y despojado de todo lo que lo identificaba como el pueblo de Dios: están sin tierra, sin templo, sin sacerdote y sin rey. El exilio durará casi cincuenta años, toda una generación.

Todo esto puede parecer circunstancias históricas, políticas, dentro de la normalidad que puede acontecer a cualquier pueblo o nación, pero todo es consecuencia de un deterioro espiritual del pueblo de Israel y un alejamiento de los valores morales, espirituales, que tiene consecuencias graves en el destino del pueblo.

La historia si no se aprende de ella vuelve a repetirse, a excepción de la España sefardita, ningún otro país produjo una comunidad judía tan brillante como la austríaca de principios del siglo XX. Los intensos años de limitaciones provocaron que los judíos lucharan con pasión por participar en el quehacer nacional de sus respectivos países.

El status adquirido fue percibido como una amenaza. Muchos líderes de opinión y políticos explotaron la envidia y los celos que se despertaron en la población. En Alemania se presentaba un fenómeno similar. Judíos y germanos se sentaban a dialogar en los salones literarios de Berlín, propiciando el intercambio cultural y filosófico entre estadistas e intelectuales.

No es cuestión de justificar lo injustificable de algo tan horrible como el Holocausto, pero había cierto acercamiento y peligro de asimilación como así ocurrió a parte de la sociedad intelectual Judía.

El Holocausto (3) no obstante, la asimilación de los valores Teutones, no sirvió como paliativo para el antisemitismo latente que se manifestó en este resentimiento por la nueva posición de los judíos. Con el ascenso de Adolfo Hitler al poder el treinta de enero de 1933, afloró este antisemitismo en toda su intensidad a través de una campaña sistemática contra los ciudadanos germanos de ascendencia judía.

La tradicional hostilidad adquirió un nuevo cariz con las teorías de la superioridad racial. De acuerdo a éstas, los judíos constituían un agente infeccioso y desintegrador, por lo que se les debería eliminar, para librar al Tercer Reich de su presencia.

Esta era la situación en la que se encontraba Ezequiel desterrado, sin trabajo, sin poder ejercer su oficio, como pez fuera del agua, sin Templo y sin Jerusalén; junto al río Kebar meditando su situación con la mirada perdida añorando la ciudad amada y Santa, la eterna pregunta de los justos dando vueltas en su atormentada cabeza: ¿por qué ocurre esto a tu pueblo elegido?.

Me viene a la mente la novela de Shólem Aléjem “Tevie el lechero” que agobiado por la inminente persecución y expulsión de su aldea dialoga con Dios y le dice con respeto pero con una intencionada ironía melancólica :

-“Sabemos que somos el pueblo elegido, pero podías elegir a otros de vez en cuando”-

Mientras todo esto acontecía Ezequiel estaba junto al río Kebar……

Nota: (1) La Torah revela la sabiduría de Dios, y es por lo tanto la clave del orden completo de la creación. La palabra hebrea Torah, es un sustantivo del verbo hora, que significa enseñar o guiar. Se suele mal traducir como Ley y es conocida como Pentateuco.

Nota : (2) Kebar significa “ criba” en muchos casos en la escrituras los nombres de lugares o de personas no son puestas al azar, se utilizan para calificar o mencionar características especiales de esos lugares o personas, lo cual nos da una revelación más profunda y nos indica que la Biblia, aunque escrita por hombres, es inspirada por Dios.

Nota: (3) El uso de la palabra holocausto para referirse al genocidio de aproximadamente seis millones de judíos europeos durante la Segunda Guerra Mundial, se justifica a través de su referencia etimológica a algo quemado, pues tras el uso de la herramienta genocida más característica de la solución final, las cámaras de gas, los cuerpos de los asesinados eran incinerados en hornos crematorios. Es un término mal usado porque se refiere a algo que ha sido totalmente destruido y el pueblo Judío no fue totalmente destruido. Shoah o shoá (literalmente catástrofe) es un término utilizado para referirse al Holocausto por los judíos.

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3 respuestas

  1. Me aclara dudas, muchas gracias

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  2. Muy bueno, muchas gracias. Gloria Dios que sigue usando personas para ayudarnos.

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  3. muy buena y detallada la informacion

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