La isla de Pitcairn, de la rebelión al infierno

No importa si una rebelión puede ser mas o menos justa el caso es que la rebelión trae mala consecuencias, estas consecuencias transcienden en el tiempo. Estas consecuencias se pueden volver en contra incluso a las personas que las inician y las apoyan.

Tenemos muchos casos en las escrituras,uno de los mas conocidos es el de Kore. Hay quienes usan el sarcasmo y ridiculizan para tratar de perforar las intenciones puras y altruistas de la gente buena. Fomentan el descontento. Se disfrazan de populistas preocupados por los débiles. Sin embargo, están buscando su propio beneficio motivados por su ego. la rebelión se considera  como uno de los pecados más grandes y de peores consecuencias. ¿Por qué? Porque la división contradice la unidad esencial de Dios y socava la armonía de la creación, de la sociedad y de las personas. Esto ocurre cada vez mas frecuentemente en nuestros días. Ademas sabemos los que creemos en el principio de autoridad que enseñan las escrituras que la rebelión viene de un lado oscuro por eso dijo el profeta Samuel:

Porque la rebelión es como pecado de adivinación, y la desobediencia, como iniquidad e idolatría. Por cuanto has desechado la palabra del Señor, El también te ha desechado para que no seas rey.

Te dejo con esta historia como muestra de las consecuencias de la rebelión.

El motín de la Bounty (fuente marcianosmx.com)

En el año de 1787, un barco de vela de la armada británica llamado HMS Bounty zarpó de Inglaterra hacia el Pacífico con la misión de transportar una carga de árboles del pan desde Tahití, en la Polinesia, hasta el Caribe. Estas plantas estaban destinadas a producir alimento para los esclavos de las Indias Occidentales. Tras haberse estancado en Tahití durante cinco meses, la tripulación del Bounty se apegó bastante a las tradiciones de la cultura tahitiana, sobre todo a la libertad sexual y a las costumbres típicas de una tierra paradisiaca. Algunos marineros desertaron, fueron cazados o ejecutados junto a sus esposas nativas. Forzados a embarcarse nuevamente, toda aquella situación se prestaba para que los hombres se revelaran. Durante algún tiempo siguieron apoyando el mando del capitán William Bligh, pero la imposición de castigos físicos por la falta de disciplina provocó que la rebelión estallara. Actuando como el líder, el ayudante de maestre Fletcher Christian encabezó un motín contra Blight. El capitán y los 18 hombres que eligieron seguirlo fueron puestos en una embarcación pequeña, mientras Christian y el resto regresaron a Tahití a bordo del Bounty.

Motín del HMS Bounty pintura

Pintura de Robert Dodd en 1790.

Contra toda probabilidad, William Bligh logró navegar en la embarcación más de 6,500 km, eventualmente siendo rescatado y regresando a Inglaterra en abril de 1790. Inmediatamente informó a sus superiores lo que había sucedido y enviaron al HMS Pandora para capturar a los amotinados con el objetivo de traerlos a Inglaterra donde serían juzgados y ejecutados.

Mientras tanto, Fletcher Christian junto con nueve amotinados y 18 polinesios – 6 hombres, 11 mujeres y un niño, decidieron dejar Tahití para evadir la captura. Eligieron Pitcairn como destino y arribaron a la isla el 15 de enero de 1790. Su primera acción fue prenderle fuego al Bounty y hundirlo en lo que hoy se conoce como bahía Bounty (donde todavía siguen sumergidos sus restos en aguas poco profundas). Para el resto del mundo, a los amotinados se los había tragado la tierra, nadie los buscaría en Pitcairn.

Al principio los colonos sobrevivieron de la agricultura y la pesca. Sin embargo, como sucede en la novela “El señor de las moscas”, no pasó mucho tiempo antes que el aislamiento, la falta de un gobierno y de reglas sociales hicieran emerger los celos, la traición y finalmente el asesinato. Muchas de las tensiones en la isla tenían que ver con la falta de mujeres. Cinco de los amotinados murieron a manos de los polinesios, quienes acusaron a los ingleses de tratar a los hombres como esclavos y de tomar a las mujeres por la fuerza. Uno de estos murió de forma poco común, con el cuerpo cercenado por la mitad como un tipo de sacrificio. En venganza los amotinados mataron a todos los hombres polinesios – algunos fueron enterrados hasta el cuello en la playa para que la marea los ahogara.

Dos de los amotinados, Edward Young y John Adams, creyendo que sus vidas corrían peligro por las amenazas de un compañero llamado Matthew Quintal, lo ejecutaron por el “bien de la comunidad”. Otro amotinado, William McCoy, se suicidó saltando desde una roca al mar embravecido. Otros tantos murieron de enfermedades tropicales.

Alrededor del año 1800, a una década de haberse instalado en el lugar, todos los nativos polinesios habían muerto, y solo uno de los amotinados quedaba con vida: John Adams, que sobrevivió con 9 mujeres polinesias y 19 niños. John Adams decidió volcarse a la escritura para integrar una nueva y pacifica sociedad y empezó a adoctrinar a los habitantes con un código de conducta puritano. Vivió en Pitcairn hasta su muerte a los 65 años. Su tumba es la única de los amotinados que fue marcada con un nombre.

En 1808, tras 18 años de aislamiento, la existencia de los amotinados y de habitantes en Pitcairn fue revelada por el paso de un velero americano. Al desembarcar en la isla, los marineros quedaron impresionados con la degradación general. Los habitantes no eran más que hombres primitivos. Seis años después, el buque británico HMS Briton y el HMS Tagus inesperadamente llegaron a la ensenada de Pitcairn. Localizaron la tumba de John Adams y realizaron una ceremonia en la que le ofrecieron amnistía por su participación en el motín.

La población de la isla empezó a proliferar otra vez con el arribo de visitantes y colonos interesados en habitar la isla cuando las rutas de comercio la establecieron en su curso en 1825. La isla llegó a ser conocida como uno de los lugares más distantes de la civilización, literalmente “el otro lado del mundo”, donde una persona podía simplemente desaparecer y jamás ser encontrada.

En 1838, la Isla de Pitcairn sufrió un nuevo intento de colonización por parte de los británicos que pensaban establecer en el sitio una colonia religiosa. El primer intento fracasó cuando los 22 colonos murieron a manos de enfermedades y tormentas. En 1886 se dio un segundo intento, cuando los adventistas comandados por el pastor John Tay visitaron la isla con el objetivo convertir a los nativos polinesios.

La nueva religión llevó fe a la población de la isla y su pasado de traición, violencia y muerte parecía superado de forma definitiva. Durante la década de 1940, la isla fue evacuada por temor a los japoneses y el lugar se mantuvo desierto hasta finales de los años 60, cuando la isla volvió a llamar la atención de los religiosos interesados en reconstruir la colonia adventista. La colonia permaneció activa hasta la década de 1980, cuando prácticamente la totalidad de los religiosos partió.

Durante un buen tiempo, Pitcairn se sumió en el olvido, con una población que apenas alcanzaba los 50 habitantes. En 2004, un grupo de periodistas británicos arribaron al sitio con la intención de filmar un documental sobre el motín del HMS Bounty. Allí descubrieron que el mal había permeado nuevamente en los habitantes de la isla resultando en algo tan impactante que incluso los sucesos del pasado palidecían frente a lo expuesto.

Tras el descubrimiento, siete hombres que vivían en la isla fueron a prisión acusados de 96 crímenes violentos entre los que se incluía el abuso de menores, violación y asesinato cometidos en un periodo de más de 30 años. Las víctimas, casi todas mujeres y niños, vivían en una comunidad cerrada donde prevalecía una cultura propia y profundamente arraigada en la sociedad, privilegiando el abuso, la práctica del incesto y la depravación. Las mujeres eran encerradas en celdas, amarradas o encerradas en sus casas durante la noche. No podían vestir ropa, recibían golpizas frecuentes con varas y sufrían degradaciones y humillaciones a diario. Los hombres intercambiaban esposas y mantenían una especie de harén compuesto por niños (incluidos sus propios hijos). Tenían una especie de religión que empezó con varias creencias pervertidas hasta convertirse en algo abominable y dañino. Todos trabajaban en la agricultura de subsistencia, pero sólo los hombres tenían derecho a pescar.

Lo más impactante de todo es que estas atrocidades sucedían a la intemperie sin que nadie intentara ocultarlo. Pitcairn simplemente estaba demasiado lejos como para que alguien se enterara o importara por lo que allí sucedía. Peor aún, aquellas personas no consideraban criminales sus acciones. Para ellos, esa era la única vida que conocían. Los documentalistas quedaron aterrorizados y se fueron llevando filmaciones que comprobaron todo aquel horror.

Una vez que las autoridades supieron del caso fueron hasta la isla, liberaron a los prisioneros y atraparon a los culpables. En un juicio que se extendió durante más de un mes, todos recibieron sentencia, incluso el alcalde que había negociado la venta del equipo de producción. El gobierno británico decidió establecer una prisión en Pitcairn a donde los culpables fueron enviados desde el 2006.

Actualmente la población en Pitcairn es de 47 habitantes, todos hombres, algunos de ellos descendientes de los amotinados y sus colegas tahitianos. La mayoría lleva como apellido Christian, en homenaje al jefe de los amotinados que tomaron el Bounty y cuya descendencia superó la docena de hijos antes de ser asesinado. La visita a Pitcairn está prohibida y nadie puede entrar o salir.

Lo que alguna vez fue un refugio de forajidos, un paraíso en la Tierra, se convirtió en el mismo infierno con una larga y sórdida historia.

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Categorías:Articulos

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