Shavuot , el dia que se estremeció el mundo

Toda fiesta hebrea cae en un día específico del mes, con una excepción: Shavuot, el día de entrega la Torá en el monte Sinai. Shavuot es siempre el cincuentavo día después del comienzo de Pésaj (Pascua). Bajo el calendario judío esencial en el que la corte rabínica determinó el comienzo de un mes a través de testigos que vieron la luna nueva, podía técnicamente caer en cualquiera de tres fechas dado que el número de días en el mes judío puede variar de año a año. El nombre Shavuot alude a su independencia del calendario estándar. El nombre significa “semanas”, demostrando cómo la fiesta marca la culminación de siete semanas más allá de la fecha. ¿Cuál es la esencia de este día sin fecha? Hay pistas para la respuesta en el proceso que lleva a Shavuot, el libro que leemos en Shavuot, y en el número 50 en sí mismo.

El libro de Rut

El Libro de Rut es leído en la festividad de Shavuot, en el tradicional aniversario de la muerte (y nacimiento) del rey David. El libro relata la historia de una notable mujer pagana que se unió al Pueblo Judío, y se convirtió en antepasado del rey David. Otra conexión entre la historia de Rut y Shavuot es el concepto de “aceptación de la Torá” en todos sus detalles, que Rut tan elocuentemente proclama. En Shavuot, revivimos el evento en el Sinai en el cual el Pueblo Hebreo en su totalidad aceptó la Torá.  Además, el libro se sitúa en el periodo de las cosechas, precisamente cuando ocurre la festividad de Shavuot.

Metamorfosis

La clave para entender la fiesta de Shavuot yace dentro del proceso que lleva a ella. Se comienza contando los días desde el éxodo de Egipto, es el nacimiento de una nación, y  hasta Shavuot, el cincuentavo día. Esa cuenta marca un período de metamorfosis nacional. El pueblo judío estaba tan consolidado en Egipto que la Torá describe al éxodo como la extracción de una nación de en medio de otra.  Esta cuenta comienza con un simple sacrificio de cebada, comida considerada como forraje para animales. Culmina con un sacrificio especial del pan más fino, (comida humana), significando el alcance a un nuevo nivel de existencia.

Mirando profundamente, podemos encontrar este mismo tema reflejado en nuestra cuenta hacia Shavuot, y la identidad del día como el cincuentavo día de la cuenta. El secreto yace en el número 50 en si. De acuerdo a la tradición judía, el mundo natural está basado en sistemas de siete. En el tiempo, hay siete días en la semana. En el espacio, un punto central puede ser expandido en seis direcciones opuestas: derecha e izquierda, arriba y abajo, adelante y atrás, siendo el punto en si mismo el tema central alrededor del cual todo está situado. La palabra sheva, siete, tiene los mismos caracteres que la palabra savea, que significa saciado, indicando la esfera que representa la expansión total de las posibilidades.

Cincuenta simboliza la habilidad de trascender todos los detalles y entrar en una esfera superior.

De esta manera, todo lo que está más allá de siete representa un mundo que trasciende a la naturaleza, una esfera superior. La palabra para ocho, shmone, viene de la palabra shamén, gordo, indicando algo que va más allá de sus propias fronteras. El pacto de la circuncisión que marca la entrada al convenio con Dios, toma lugar en el octavo día, un día que va más allá de todos los asuntos mundanos y conecta lo humano con lo Divino.

En  Shavuot, buscamos alcanzar un nivel mas elevado. Contamos 49 días, representando el mundo de Esav, el plano de multitud en la expansión completa del número siete, representando la naturaleza. Alcanzamos el máximo en un mundo de cantidad. No es sorprendente que la guematria de Moab, la nación previa de Rut, es 49, representando el mundo físico, el hecho de acumular cantidades. Y un paso más allá, y se alcanza el 50.

Recibir la Torá en el día 50, no en una fecha del calendario. Es el producto de la cuenta a través de todos los niveles naturales, por el cual alcanzamos la trascendencia, hasta el punto en el que no se incluye el día 50 dentro de la cuenta – una fecha que no es cuantificable. En cambio, llegamos a él. En ese día,el pueblo hebreo se paro bajo el Monte Sinaí como una sola persona, con un solo corazón. No eran millones, sino simplemente uno. De forma paralela, la Torá habla de cada aspecto de la vida y provee guía para cada situación concebible. La Torá unifica cada detalle, fusiona cada componente dispar. Es la Voz que nos permite tomar nuestras experiencias más básicas y nuestros humildes orígenes y unirlos para una causa mayor.

Hasta este día, el poder sobrevive. A través del proceso de Shavuot y los días que llevaron a él, se puede trascender nuestro pasado, y unificar todos los detalles de una experiencia previa para alcanzar el punto en el que se transciende de lo que éramos y nos convertimos en algo más grandioso.

 

 

 

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Categorías:Articulos

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