Mein Kampf y el Diario de Ana Frank

Mein Kampf y el Diario de Ana Frank

No es coincidencia que ambos libros, epítomes de la exacerbación del mal y la grandeza del bien, son parte ahora del dominio público.
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En una increíble muestra de sincronía, dos libros que con seguridad sirven como los recordatorios más grandes del Holocausto, han entrado simultáneamente este año en Europa al dominio público.

Bajo la ley de derechos de autor europea, un libro entra a dominio público el primer día del mes de enero posterior al cumplimiento de 70 años desde de la muerte de su autor, momento a partir del cual ya no es necesario ningún tipo de permiso para reimprimirlo.

En un bizarro encuentro de polos opuestos, el libro Mein Kampf de Adolf Hitler —el cual inspiró el horrendo programa de genocidio nazi mediante sus comentarios racistas— y El diario de una joven de Ana Frank —el cual conmovió al mundo como ningún otro y lo llevó a sentir compasión por las víctimas del Holocausto— han encontrado simultáneamente una oportunidad para volver a difundir sus respectivos mensajes a un nuevo público. (La Fundación Ana Frank, organización establecida por el padre de Ana, argumenta que el libro no está realmente en el dominio público, pero mientras la situación se aclara, el diario ya ha sido publicado por dos editoriales en línea).

Y eso, a la luz de los acontecimientos actuales, es atemorizante.

Ambos libros, epítomes de la exacerbación del mal y la grandeza del bien, comparten una visión en común, una idea que se ve confirmada por el éxito que ambos tuvieron respectivamente: el reconocimiento del poder de la palabra.

Es el reconocimiento de que las palabras pueden sanar y las palabras pueden destruir.

Es el reconocimiento de que las palabras pueden sanar y las palabras pueden destruir. Las palabras pueden influenciar y las palabras pueden inspirar. Como dijo el filósofo Ludwig Wittgenstein: “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”. O quizás más acertadamente, el contenido de mi lenguaje define mi mundo.George Orwell, en su clásico 1984, escribe: “Si el pensamiento corrompe al lenguaje, entonces, el lenguaje también puede corromper al pensamiento”. Hitler entendía eso a la perfección. Un pensamiento barbárico camuflado con una vestimenta verbal aparentemente civilizada transformó a millones de alemanes en personas dementes.

Por otro lado, Ana Frank tomó palabras y las transformó en armas del bien, misiles de empatía, generando un entendimiento entre los seres humanos que nos hace darnos cuenta de nuestro factor común como seres creados a imagen de Dios. Sus palabras también cambiaron muchas vidas.

Durante un pequeño período de tiempo después del Holocausto, sus palabras ayudaron a transformar a los antisemitas en excluidos sociales y al antisemitismo en una idea malvada y rechazada que no es apta para pueblos civilizados. Y por un pequeño periodo nos atrevimos a pensar que “nunca se repetirá” sería cierto para un mundo que atestiguó los resultados del odio y el prejuicio del fanatismo.

Luego de vencer a la Alemania nazi, los aliados —incluyendo a Estados Unidos— tomaron una dura postura en lo que respecta aMein Kempf. Prohibieron el libro y catalogaron su difusión como una pena criminal.

Entendían el poder que tiene la palabra de promover el mal, y en la conferencia Yalta de 1945, los líderes de Estados Unidos, Gran Bretaña y de la URSS juraron “destruir el militarismo y nazismo alemán” y asegurarse de que “Alemania nunca vuelva a disturbar la paz en el mundo”.

Para asegurar eso, las palabras de Hitler debían ser condenadas públicamente, rechazadas y tratadas como pornografía que no es apta de ser vista, como una influencia criminal. Desde 1945, el estado de Bavaria ha poseído los derechos de la versión en alemán de la obra y se ha rehusado a permitir su republicación.

Pero ahora todo eso ha cambiado. Desde el 1 de enero de este año, no es necesario ningún tipo de permiso para reimprimirlo y una nueva edición, llena de comentarios, ha sido publicada. Una primera edición de 5.000 copias se agotó rápidamente, probando ser incluso más popular que cuando se publicó por primera vez. El libro se encuentra actualmente en su cuarta edición y la cantidad de pedidos continúa aumentando.

La clientela principal claramente no es el mundo académico: siempre ha estado disponible para ellos. El libro de Hitler se está vendiendo porque sus ideas han encontrado hoy una nueva aceptación en una Europa que ha sido transformada por un resurgimiento del tipo de antisemitismo que creímos extinto.

El eslogan “nunca se repetirá” ha sido reemplazado por “nuevamente”. En respuesta a una ola de ataques antisemitas en contra de la judería europea, los judíos han sido forzados a un éxodo masivo tan sólo una generación después de los horrores del Holocausto. Después de los desgarradores eventos acontecidos en Francia el año pasado, Vyacheslav Kantor, presidente del Congreso Judío Europeo, dijo que los judíos europeos se enfrentan a una discriminación masiva sin paralelo desde la época del Holocausto.

“Actualmente, la condición de los judíos en Europa es la peor desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Los judíos se encuentran sumamente afectados por el temor y por el nuevo éxodo de judíos europeos”, le dijo Kantor al presidente ruso, Vladimir Putin, quien, en una propuesta que iría más allá de la imaginación de cualquier satírico, les ofreció protección a los judíos europeos, sugiriendo que emigraran a Rusia.

Los casos de antisemitismo en Europa han aumentado en un 40% anual en los últimos años, estima Kantor. Él dice que las organizaciones de ultraderecha “proliferan como hongos” en Francia, Alemania, Inglaterra, Grecia, Hungría, Suecia e Italia. Y no sólo eso, sino que el aumento del extremismo islámico en Europa está incitando un éxodo masivo de judíos de Europa, pues algunos países ya no pueden proveer una protección adecuada.

“La gente entiende que no hay futuro para los judíos en Europa”, dijo recientemente el Rabino en Jefe de Bélgica, Abraham Gigi.

“La gente entiende que no hay futuro para los judíos en Europa”, dijo recientemente el Rabino en Jefe de Bélgica, Abraham Gigi, citando un creciente sentimiento de temor entre sus correligionarios.En este clima de odio, sería sumamente ingenuo pensar que difundir palabras de racismo xenofóbico a una nueva y gran audiencia bajo la cubierta de la respetabilidad provista por las notas al pie y por una editorial respetable —palabras que alguna vez tuvieron el poder de encubrir el genocidio e inspirar el peor tipo de mal—, es un acto justificado que permite negar la sabiduría de quienes inicialmente lo censuraron.

Y a pesar de que también es probable que el diario de Ana Frank gane nuevos lectores, estoy seguro de que si ella estuviera viva hoy en día, seguramente estaría en shock al ver que sus palabras no lograron evitar la reaparición del libro que fue escrito por una de las principales causas de su sufrimiento.

Este artículo apareció originalmente en CNN.com

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